Paulino Rivero

Sánchez se la juega

8/7/2018
Alrededor de las doce del mediodía de mañana, lunes 9 de julio, televisiones, radios y agencias de noticias informarán a la opinión pública sobre las conclusiones más importantes del encuentro mantenido por Pedro Sánchez y Quim Torra, presidentes de los gobiernos de España y Catalunya, respectivamente. La expectación que ha despertado el encuentro acapara la atención en España y se sigue con interés -y una cierta preocupación- en el seno de la Unión Europea.
 
Después de la fractura total en las relaciones de los independentistas catalanes con las instituciones del Estado, que culminó con la imposición del artículo 155 de la Constitución y la consiguiente suspensión de la autonomía catalana, ha ido rebajándose la tensión entre ambas partes. Con la moción de censura a Rajoy, el apoyo a la misma por parte de los independentistas y la invitación al diálogo del renacido Pedro Sánchez parece -los acontecimientos lo confirmarán o no- que se ha abierto un nuevo tiempo político en las relaciones entre las instituciones catalanas y las del Estado.
 
En principio, parecen coincidir los intereses políticos de Pedro Sánchez y su partido con los de las fuerzas separatistas catalanas, en el objetivo de alargar la legislatura y evitar la convocatoria de elecciones generales. Además, en esa prioridad coinciden también el PNV y probablemente el PP, que necesita meses para reestructurarse internamente.
 
En el escenario descrito en el párrafo anterior, el resultado las elecciones locales y autonómicas, al Parlamento europeo, las elecciones andaluzas y el de algunas otras convocatorias que se pudieran adelantar servirán de referencia para calibrar las posibilidades de unos y otros en las próximas elecciones generales. La gestión de la crisis catalana también será un elemento político -electoral- determinante.
 
Del resultado de la reunión de mañana entre ambos presidentes depende de que entremos en un tiempo nuevo en las relaciones del Estado y uno de sus territorios autónomos, en el que la Constitución sea la que marque el escenario que canalice las diferencias o, por contra, que las señales que hemos visto desde el cambio de gobierno en España hayan sido solo un espejismo.
 
El traslado a prisiones de Catalunya de los líderes independentistas Oriol Junqueras, Jordi Sánchez, Jordi Cuixart, Carme Forcadell y Dolors Bassa, es un gesto por parte del Gobierno de  España que debería ayudar a crear un marco más distendido. Sin embargo, hasta ahora las declaraciones públicas de Quim Torra y otros líderes independentistas no parecen ir en la misma dirección.
 
El resultado de la reunión de Sánchez y Torra puede marcar el futuro político del secretario general de los socialistas y nuevo presidente del Gobierno. Sánchez puede ganar enteros como un líder con visión de Estado capaz de encauzar un conflicto territorial enquistado (genera inquietud no solo en España sino también en buena parte de Europa) o, simplemente, pasar a la historia como un frívolo.
 
El principal problema que se va a encontrar Pedro Sánchez  en el reto de normalizar las relaciones del Estado con las instituciones catalanas es que depende de la voluntad que tengan los independentistas catalanes. José Luís Rodríguez Zapatero apostó por explorar de vía del diálogo para que ETA dejara de matar y encontró -además de la presión de los cuerpos y fuerzas de seguridad y de la justicia- predisposición por la otra parte. En el conflicto abierto en Catalunya no parece que los independentistas vayan a facilitar a Sánchez un éxito como el que obtuvo Zapatero con ETA.
 
Para el futuro de Sánchez es más importante lo que se comunique a la sociedad después de su encuentro con Torra que lo que hablen los dos en la reunión. Si hay concesiones, que se puedan interpretar que van más allá de las que posibilita el marco constitucional, estará dilapidando su capital político. Si logra que los independentistas acepten las reglas del juego pasará a la historia como un gran estadista. Lo malo es que el lunes, después de la reunión, los independentistas catalanes esperan que su presidente no les falle.
 
Cómo cuadrar un mensaje que sirva para tranquilizar a los constitucionalistas y a los independentistas al mismo tiempo es el trabajo de este fin de semana de los colaboradores de Sánchez y Quim Torra. No lo tienen fácil. A ojos de muchos se habrán quedado cortos y para otros se habrán pasado. La reunión de mañana marcará en buena medida la presidencia de Pedro Sánchez.

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