Samuel Clavijo

Se están luciendo en Arrecife

11/7/2018
No resulta muy conciliador comenzar declarando que ni me merece respeto, ni consideración, un proyecto elaborado para un espacio público, fruto de un concurso que ha contado con una altísima participación, y en el que se plantearon condiciones que estableció no sé muy bien quién.
 
Años atrás, en el marco de las posibles intervenciones en los espacios públicos, algunas personas defendían el establecimiento de criterios previos a cualquier intervención, y parece que con bastante sentido común. Es cierto que si se pactan esas condiciones y que si los acuerdos implican a un gran número de personas, principalmente los potenciales destinatarios de ese espacio, cualquier proyecto que salga a concurso fruto de ese “pacto de mínimos”, difícilmente se alejará de las aspiraciones de las personas que harán uso de la plaza, del parque…
 
La libertad creativa de un autor en sus obras parece algo que no puede someterse al ojo del observador. He ahí el problema: que se usa el espacio público como el lienzo en blanco de un artista. De esta consideración surgen mis discrepancias. Una, que la ciudad no parece el soporte de la libertad creativa de los autores cuando establecemos que un espacio es público. Dos, que la creación de un espacio público debe responder a una vocación amable y acogedora.
 
El proyecto no ofrece las respuestas que demandaría ese espacio
Cuando los medios de comunicación presentan el proyecto ganador de un concurso de ideas para una plaza sin nombre en las confluencias de las calles Canalejas, José Betancort y La Porra, en Arrecife, nadie ha considerado lo que piensan quienes hayan de usar ese espacio. El jurado, impresionado por el esfuerzo creativo -que lo tiene- de los autores del proyecto ganador, han debido considerar que se encuentran ante una instalación artística y no ante una plaza para viejos, niños jóvenes y toda suerte de personas que han de transitar y permanecer en ella. Se han dejado cautivar por las formas, sólo por las formas.
 
Percibo que el proyecto no ofrece las respuestas que demandaría ese espacio, que es potencialmente marginal, que las soluciones no hacen ciudad, ni acogen, y que su mantenimiento es imposible. La iniciativa es del Cabildo.
 
No es plaza ese lugar, si este es el proyecto a ejecutar, y no es necesario ir a ninguna universidad, ni viajar demasiado, para que percibamos en un rápido vistazo que estamos ante un fracaso. El que supone negar la participación en la construcción de la ciudad, conciliando el conocimiento y el talento de los creadores con nuestras necesidades y aspiraciones. Acaso la sombra de unos árboles, el olor de unas flores, el recreo de un espacio hermoso y la contemplación, la mera contemplación del cielo bajo la grata sombra de esos árboles, de los que algunos parecen abominar.

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