Top Secret, 3 de julio de 2018

Videojuegos en institutos

3/7/2018
Videojuegos en institutos
La sorprendente Consejería de Educación del Gobierno de Canarias ha anunciado la celebración de una liga de e-sports (videojuegos) en los institutos de Educación Secundaria del Archipiélago. Lo ha hecho con el criterio en contra, de momento, del sindicato mayoritario, de los docentes y de la oposición. La noticia no ha dejado indiferente a nadie e incluso puede que cuando terminen de lanzar la tinta de calamar del descuento del 75% nos indignemos un poco más con el tema. Por el momento la sobre actuación de Ana Oramas y el sin parar en redes sociales y declaraciones públicas de cualquier miembro del Gobierno, y aunque les pregunten cosa distinta, acerca de lo encochinados que deberíamos estar todos por la no aplicación inmediata del descuento en el transporte, nos tiene a punto de invadir Madrid y tomar La Moncloa a golpe de plátano. Cuando lo que deberíamos hacer es fumigar con una buena dosis de coherencia y sentido común la sede de la Consejería de Educación del Gobierno de Canarias. La última ocurrencia de alguien del equipo de la errática consejera del área, Soledad Monzón, ha sido la de implementar en 20 centros de enseñanzas medias del Archipiélago una liga escolar de videojuegos. Pibes y pibas que, se supone, tendrán que dedicar tiempo a entrenar para ganar esa absurda competición. Nos queda el consuelo de que ningún instituto de Lanzarote (tampoco de El Hierro) participa en una actividad que, mal llevada, puede provocar peligrosas adicciones que amenazan con  terminar, según la Organización Mundial de la Salud (OMS), en un deterioro significativo en las áreas de funcionamiento personal, familiar, social, educativo, ocupacional u otras áreas importantes.
 
Fuerte respuesta
Alguien podrá decir que todo en exceso puede provocar transtornos o enfermedades. Por supuesto. El alcohol, sin ir más lejos. La diferencia estriba en que a nadie le ha dado (por el momento) por introducir los chupitos de tequila (o ron miel) cada vez que termina una clase o al final de un examen de Filosofía. Y ya nos fastidia haber dado una idea a unos cargos públicos impulsores de unas políticas, digamos, infrecuentes. En los hogares de Canarias no será raro que se produzcan discusiones entre el piberío y sus padres del orden de “Te he dicho que te pongas a estudiar”. “Lo siento, viejo, pero he de entrenar que mañana tenemos partidazo contra los chicharreros”. Meter videojuegos en los institutos es una supina insensatez, un disparate, un desatino. El delirio de alguien que debería estar cuanto más lejos de la política, mejor. El STEC-Intersindical Canaria, en tiempos inagotable factoría de dirigentes educativos, ha calificado de “descabellada” esa idea. Y ha criticado que no haya fondos para una educación digna, pero sí para patrocinar eSports. Por su parte, profesores de enseñanza secundaria han firmado un manifiesto contra esta borricada. Parece que hay luz en la ciudadanía canaria. La pena es que no esté en los despachos, sino en la calle.
 
Movilizaciones ciudadanas
Y hablando de la calle. El presidente de Nueva Canarias, Román Rodríguez, ha hecho una llamada “a la movilización social e institucional en todas las islas para exigir al Gobierno del PSOE la aplicación inmediata de la bonificación del 75% del avión y el barco al resto del Estado”. Otra de las baladronadas de estos últimos dias por parte de unos representantes públicos dándolo todo en el charco del populismo político. A ver, por supuesto que es importante lo del descuento logrado por Nueva Canarias en la negociación del apoyo al Gobierno de España. Una medida que, a malas, tendremos en vigor en pocos meses y se supone que un poco antes con voluntad política. Nadie discute su bondad. Lo que asombra es la pasión y el fervor, la vehemencia en definitiva, con la que se están empleando en Madrid para una pelea ganada. Desde del papelón de Oramas a lo Scarlet O'Hara, hasta las barricadas reclamadas por Rodríguez y Quevedo. No se les recuerda, ni a estos ni a ninguno de los otros, y otras, berreos ni parecidos para reclamar otras cuestiones que sí padecemos y que, al contrario de lo del 75%, no está previsto que se nos arregle ni en dos días ni en seis meses. Y no hace falta poner ningún ejemplo.

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