España en Libertad. 50 años

90 años del 18 de julio de 1936: cuando se quebró la democracia también en Lanzarote

El aniversario del 23F nos conecta con el golpe militar del 18 de julio de 1936, que desató la Guerra Civil española y, tras su conclusión, propició un largo período de represión

Un nuevo aniversario del 23 de febrero de 1981, popularmente conocido como 23F, nos conecta con la sublevación militar que tuvo lugar el 18 de julio de 1936 y que desató la Guerra Civil Española. Tras su conclusión, se inició un largo período de represión contra quienes defendieron la legalidad constitucional.

De hecho, el próximo 18 de julio de 2026 se cumplirán 90 años del golpe de Estado que un sector del ejército perpetró contra la Segunda República. Hubo que esperar hasta 1975 para que España comenzara un largo y complejo proceso de recuperación de la libertad y la democracia. El pasado 2025, medio siglo después, se conmemoró el inicio de este logro compartido y se celebró el país próspero, diverso y democrático que hemos construido.

No obstante, nuestra memoria histórica no olvida que la represión franquista en Lanzarote tras la Guerra Civil, y ya desde el golpe de 1936, fue dura, constante y silenciosa, aunque menos conocida que en otras zonas de España. Como en casi todas las Islas Canarias, el golpe militar triunfó rápidamente, por lo que no hubo frente de guerra, pero sí represión política inmediata contra personas consideradas de izquierdas.

LA FAMILIA MILLARES Y LANZAROTE

Los enseñantes y portadores de conocimiento de Lanzarote fueron muy perseguidos y muchos fueron represaliados. Varios maestros fueron detenidos y muchos fueron apartados de la docencia. También fue castigado el alcalde socialista de Arrecife Rafael Medina Armas, cuya fecunda producción literaria y periodística se presentaría años más tarde bajo el seudónimo de Fidel Roca.

El catedrático de enseñanza secundaria Juan Millares Carló fue destituido de su puesto en Las Palmas de Gran Canaria y desterrado a Lanzarote, donde permaneció varios años, lo que dio origen a los vínculos de la familia Millares con la isla . Asimismo, se eliminaron los símbolos republicanos, los crucifijos entraron en las aulas, se cambiaron los nombres de las escuelas relacionados con la República y se rebautizaron varias calles con nombres relacionados con el nuevo régimen. Estos últimos han sido restituidos en su mayor parte en tiempos recientes. 

CLIMA DE VIGILANCIA Y MIEDO

Hubo arrestos, interrogatorios y persecución de republicanos, sindicalistas, maestros y funcionarios sospechosos, lo que, en una isla tan pequeña, generó un clima de vigilancia y miedo. Muchas personas sufrieron encarcelamientos, expedientes de depuración, humillaciones públicas, pérdida de empleo o exclusión social. También hubo personas que fueron enviadas fuera de Lanzarote o a centros penitenciarios en otras islas como castigo, y algunas perdieron la vida en el campo de concentración de La Isleta, en Las Palmas de Gran Canaria, como el periodista Manuel Fernández Hernández.

La represión se prolongó durante los años cuarenta y parte de los cincuenta, en los que prosiguieron la persecución, la censura y el control. Hoy, quienes celebran esta fecha de infausto recuerdo echan de menos el autoritarismo y los privilegios de los que disfrutaron los golpistas durante cuatro décadas bajo una férrea dictadura. Familia, municipio, sindicato vertical, misa, comunión diaria y nada más. Hace unos años eran un grupo reducido de nostálgicos, pero últimamente su número ha aumentado, al amparo del resurgimiento de las derechas extremas en todo el mundo, que niegan o tergiversan la historia.

No entró Nelson y salió Franco
Cada 18 de julio, muchos demócratas canarios nos reprochamos lo mismo: ¡cómo fue posible que no dejáramos entrar al almirante Nelson y sí dejásemos salir al general Franco!. Aquel día de 1936, el general golpista consumó su traición, ordenó el estado de guerra en las Islas Canarias y difundió el Manifiesto de Las Palmas. Decía así:
“¡Españoles! A cuantos sentís el santo amor a España, a los que en las filas del Ejército y la Armada habéis hecho profesión de fe en el servicio de la Patria, a los que jurásteis defenderla de sus enemigos hasta perder la vida, la Nación os llama a su defensa (…) La Constitución, por todos suspendida y vulnerada, sufre un eclipse total; ni igualdad ante la Ley, ni libertad, aherrojada por la tiranía, ni fraternidad; cuando el odio y el crimen han sustituido al mutuo respeto, ni unidad de la Patria, amenazada por el desgarramiento territorial más que por regionalismo que los propios poderes fomentan; ni integridad y defensa de nuestras fronteras (…)¿Es qué podemos abandonar a España a los enemigos de la Patria, con un proceder cobarde y traidor, entregándola sin lucha y sin resistencia? (…)”.
Todavía produce escalofríos releer aquella arenga cuartelera que, en el presente, emplaza a los demócratas a defender el régimen de libertades y el Estado de Derecho.