El Monumento a los Caídos y la plaza de Las Palmas, una restauración incompleta
A finales de noviembre de 2025 se dio por concluida la rehabilitación integral de la plaza, pero el Monumento a los Caídos se mantuvo intacto
A finales de noviembre de 2025, el Cabildo de Lanzarote y el Ayuntamiento de Arrecife dieron por concluida la rehabilitación integral de la plaza de Las Palmas. La renovación, diseñada por el Cabildo y ejecutada por el Ayuntamiento pretendía respetar la impronta de César Manrique y, para ello, recuperó el aljibe histórico y modernizó la iluminación y el entorno urbano.El proyecto también incluía la renovación del pavimento, la mejora de la accesibilidad y la integración de elementos arquitectónicos respetuosos con el valor histórico y patrimonial del entorno, ya que la plaza se encuentra en el área de influencia del Bien de Interés Cultural de la iglesia de San Ginés.
Sin embargo, se mantuvo intacto el Monumento a los Caídos, tras una larga e intensa polémica. El Catálogo de Símbolos, Calles Monumentos y Menciones Franquistas de Lanzarote, realizado por la Universidad de La Laguna en 2025 por encargo del Gobierno de Canarias, respalda la retirada de este monumento.
CULTO A LOS GOLPISTAS
Testigo de innumerables acontecimientos, muchos de ellos multitudinarios, la fisonomía actual de la plaza data de 1950 y es una creación de César Manrique, a quien el Ayuntamiento encargó su embellecimiento. El artista instaló parterres, bancos y elementos decorativos, pero, con el paso del tiempo, la plaza estaba necesitada de una rehabilitación urgente.
En un primer momento, pasó desapercibido si se mantendría o no el monumento que se alza en el centro del espacio y que se construyó inmediatamente después de concluir la intervención de Manrique. La pieza rinde culto a los golpistas que se sublevaron en 1936 bajo las órdenes del general Franco, como acreditaba una placa de azulejos casi ilegible situada a los pies del monumento y que ahora ha sido eliminada. Alrededor, sobresalen varias palmeras que otorgan sombra y verdor al espacio.
NO FUE INAUGURADO
Francisco Franco visitó la isla en octubre de 1950 e inauguró el Hospital Insular. Su estancia dejó como recuerdo el nombre «General Franco» estampado en la avenida marítima, conocida en la actualidad como La Marina. Otro hito, aunque edificado años más tarde, fue el grupo escolar Generalísimo, posteriormente denominado La Destila, que incluía viviendas para maestros y maestras. Con motivo de aquella visita también se erigió el Monumento a los Caídos, financiado por la Jefatura Provincial del Movimiento y la obra benéfica de la Falange. La idea era conmemorar el aniversario de la fundación de la Falange y honrar al dictador.
No consta que el monumento se inaugurara en 1950, ya que no se bendijo hasta el 29 de octubre de 1956 para conmemorar un nuevo aniversario de la fundación de la Falange. Más de moventa años después del golpe de Estado que dio lugar a la Guerra Civil y tras la exhumación de los restos del dictador del Valle de los Caídos, los signos y símbolos del franquismo han ido desapareciendo de las calles y las plazas de Arrecife. Todos menos este.
CHOCA CON LA CONSTITUCIÓN
Tras la reforma de la plaza, la Cruz de los Caídos sigue en pie en el centro de la plaza de la iglesia de San Ginés. A pesar del simbolismo cristiano que representa la cruz en la fe católica, debe desecharse por completo el carácter religioso del monumento. Entre otros motivos, porque no se halla en un lugar de culto, sino en una plaza pública, y porque fue erigida para honrar a los vecinos pertenecientes a la facción vencedora que murieron en la Guerra Civil. Se trata de un símbolo de claro carácter político y significación antidemocrática que en el pasado llegó a acoger numerosos actos de exaltación de la sublevación militar.
La permanencia del monumento choca con la Constitución española y con la memoria de los lanzaroteños demócratas y leales a la República que perdieron la vida durante la contienda o como consecuencia de ella. De hecho, la Ley de Memoria Democrática busca reconocer, reparar y dignificar a las víctimas de la Guerra Civil (1936-1939) y de la dictadura franquista (1939-1975). Su objetivo es fomentar el conocimiento y la preservación de la memoria histórica, promoviendo valores democráticos y de convivencia. Entre sus medidas, destaca precisamente la resignificación de espacios vinculados al franquismo y la eliminación de símbolos que exalten esa etapa.