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Muelle de Naos, añoranza por el mar

Rescatarlo fue una gozada para los viejos marineros y las gentes vinculadas al mar, ya que se reencontraban con un pedazo de sus vidas que estaba enterrado.

Muelle de Naos, añoranza por el mar

Se encontraba sepultado bajo varias toneladas de escombros por aquellas fechas. Por eso, el Ayuntamiento de Arrecife puso en marcha en 1994 un proyecto encaminado a recuperar el antiguo muelle de Puerto Naos. Obtener superficie portuaria ganando terrenos al mar mediante rellenos era habitual a mediados del siglo XX, y Naos no escapó a aquella tendencia. La punta del muelle de Naos se encontraba justo debajo de dos lanchones que se colocaron, a modo decorativo, el día de la inauguración de la sede de la Cofradía de Pescadores San Ginés en un pequeño parque habilitado al efecto.
 
Fue proyectado a finales del siglo XIX por el ingeniero León y Castillo y era el muelle principal del antiguo puerto de Arrecife, en la dársena de Naos, hasta que con el nuevo siglo se construyó el muelle Grande. En 1955 se subastaron las obras del muelle pesquero en el interior de Naos, un proyecto del ingeniero Ruperto González Negrín consistente en una línea de atraque de 165 metros, explanada de 12.000 metros cuadrados, una parcela para una fábrica de hielo y depósitos de sal, entre otras instalaciones. El viejo muelle sucumbió.
 
Se acordó desviar el trazado de la Rambla y excavar la zona
La idea de recuperarlo surgió al construir la rotonda contigua, que señalaría uno de los dos extremos de la Rambla Medular de Arrecife. En principio, la obra iba a destruir la instalación, así que el Consistorio se propuso rescatarlo alegando sus indudables valores históricos, etnográficos y sentimentales. Se acordó desviar el trazado de la Rambla y excavar la zona para que este aflorara, ya que se encontraba a un metro y medio por debajo de la cota de la calzada.
 
Una vez desenterrado, a su alrededor se construyó un vaso de hormigón que permite el paso del mar, generando un canal de agua de metro y medio tanto de ancho como de profundidad. Dado que la intervención quedaba dentro de una isleta de tráfico, se ideó que los peatones pudieran acceder a él a través de una pequeña plaza que está unida a la confluencia de Avenida de Naos y la calle Agustín de la Hoz Bertancort.
 
En abril de 1995, el presidente de la Autoridad Portuaria de Las Palmas, José Manuel Hernández, y el alcalde de Arrecife, José María Espino González, inauguraban las obras de recuperación del muelle de Puerto Naos. Fue una gozada para los viejos marineros y las gentes vinculadas al mar, ya que se reencontraban con un pedazo de sus vidas que permaneció tapado durante varias décadas.
 
A lo mejor, la instalación añora estar junto al mar, en Naos mismo
Con el paso de los años, hay quien apunta la conveniencia de dar otro paso más para acabar de rescatarlo, ya que sin su función, sin su cometido, no es un muelle completo. A lo mejor, la instalación añora estar junto al mar, en Naos mismo. Quizá, sólo quizá, convenga desmontarlo piedra a piedra, trasladarlo y recomponerlo, exactamente igual, como un puzle. Junto al mar, en Naos, mismo, aunque se le acerque una única chalana y a pesar de que alguien grite ¡sacrilegio! 
 
Pero, ¿se ha hecho esto antes en la isla? Precedentes hay en Lanzarote. Uno, Manrique trasladó un aljibe situado en el costado de poniente del castillo de San José y lo recolocó exactamente igual, piedra a piedra, numeradas una a una, delante de su fachada principal. Dos, a propuesta de Luis Morales Padrón, el pórtico de entrada del antiguo cementerio se trasladó en su día, exactamente igual, piedra a piedra, numeradas una a una, al nuevo camposanto de San Román.

Muelle de Naos, añoranza por el mar
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