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Plaza de la Iglesia, historia de Arrecife

Peatonalizar por completo esta zona y recuperar el ambiente tradicional de las calles parecen dos tareas inaplazables.

Plaza de la Iglesia, historia de Arrecife

Iglesias hay unas cuantas en Arrecife, iglesias con plaza también, pero el título genérico de Plaza de la Iglesia lo ostenta la de Las Palmas, situada delante del templo de San Ginés. Quizá sea así porque siempre ha estado en el centro de la historia de Arrecife y porque este entramado urbano conserva su trazado originario. Nostalgias varias que afloran si no se fija la vista en el pavimento, ya que no se conserva ningún empedrado original y, en su lugar, se han colocado recientemente adoquinados que buscan emular antiguas pisadas. 
 
De planta rectangular y una superficie de casi 1.500 metros cuadrados, la Plaza se encuentra en el centro de un paisaje urbano constituido por el sistema de calles vinculadas a Iglesia: San Ginés, Academia, Ginés de Castro y Álvarez, Inspector Luis Martín, Manuel Miranda, San Marcial, El Puente y tramos de Otilia Díaz y Aquilino Fernández. En este área prevalecen algunos inmuebles, rincones y espacios urbanos con reminiscencias históricas que evocan momentos del pasado. Pocos, lamentablemente, que conviven con las propuestas arquitectónicas y urbanísticas surgidas en la segunda mitad del XX.
 
Su fisonomía actual data de 1950 y es una creación de César Manrique
Testigo de innumerables acontecimientos, muchos de ellos multitudinarios, la Plaza de la Iglesia es el espacio más transformado dentro de este lugar central de la ciudad. Su fisonomía actual data de 1950 y es una creación de César Manrique, a quien el Ayuntamiento le encarga el plan de embellecimiento de la Plaza. Instala bancos, parterres, elementos decorativos… en la primera ocasión en la que coinciden el artista y Luis Morales Padrón, quien entonces trabajaba en el equipo municipal de mantenimiento.
 
Arbolada desde mediados de siglo XX, ha sido intervenida sin mucha fortuna, comenzando por la isla central que rinde culto a los golpistas que se sublevaron en 1936 a las órdenes de Franco y en la que, no obstante, sobresalen varias palmeras que otorgan sombra y verdor al espacio. Los parterres perimetrales no fueron concebidos para albergar árboles, pero, con el paso del tiempo, destacan varios ejemplares por el porte alcanzado y la sombra que proyectan. El pino marino dispuesto en una esquina y los laureles alineados con la calle Ginés de Castro ya son parte indisoluble del conjunto.
 
Tardará mucho aún, muchísimo, pero su destino es parecerse a Vegueta
Lo peor de la Plaza es su actual pavimentación, de hormigón impreso, que se encuentra muy deteriorada, y, además, su calidad no está a la altura de la representatividad de este espacio público. Hace años que se habla de intervenirla, pero, a la vista de cómo se trata el patrimonio en esta isla, a lo mejor convendría dejarla como está a la espera de que la ilustración acabe de aterrizar en Lanzarote. Otros elementos discordantes son el tráfico rodado y los tendidos aéreos en las fachadas de los edificios, por lo que peatonalizar por completo y recuperar el ambiente tradicional de las calles parecen dos tareas inaplazables.
 
Ejemplos representativos de arquitecturas tradicionales y eclécticas, algunos deshabitados, sobreviven en toda esta zona imprimiendo carácter al ambiente de las calles a través de sus fachadas. En estas vías se abren paso bares, cafeterías, restaurantes y comercios al soco de un turismo de cruceros que no acaba de ofrecer a la ciudad todo lo que de él se espera. Tardará mucho aún, muchísimo, pero su destino es parecerse a Vegueta… cuando la ilustración acabe de posarse en Arrecife.

Plaza de la Iglesia, historia de Arrecife
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