Actualidad
Greenpeace alerta del desplome de la biomasa pesquera en la Reserva Marina de Lanzarote
23 de julio de 2026 (10:58 h.)
El estudio de la entidad detecta que la reserva marina del norte de Lanzarote "sufre el desplome de su biomasa pesquera por el cambio climático y la alteración de corrientes"
Greenpeace advierte en su informe 'Destrucción a Toda Costa 2026' de la "grave crisis" que sufre el litoral de Canarias, que pierde cuatro kilómetros de costa natural al año por la presión humana y el cambio climático.
La costa canaria cuenta con 18 puntos críticos, 150 kilómetros de litoral en peligro y casi 1.500 expedientes abiertos, con factores como "la asfixia del cemento" o "las construcciones ilegales en el dominio público y la desregulación normativa" que "amenazan la integridad de la costa de las islas", advierte este estudio, que la ING ha dado a conocer este jueves en un comunicado.
En él se asegura que "las escolleras artificiales o la reparación de paseos marítimos tras los temporales son solo un parche muy caro y cada vez menos duradero frente a las soluciones basadas en la naturaleza".
Además, la organización ecologista advierte de que las proyecciones científicas prevén "una subida del océano cercana al metro para finales de siglo", por lo que "unos 150 kilómetros de costa canaria se encuentran bajo riesgo inminente".
El cambio climático "ya ha llegado y es letal", subraya la ONG, que denuncia que mientras "se habla de defensa del patrimonio para mantener construcciones en zonas de riesgo, se ignora la realidad física" porque "ni el mar ni el cambio climático van a respetar las excepciones administrativas".
La actividad humana, señala Greenpeace, destruye cada año cuatro kilómetros de costa natural debido a la artificialización, destacando conflictos como el que suscita el macroproyecto Cuna del Alma, en Adeje, investigado judicialmente por invadir la servidumbre de protección, las protestas contra el hotel La Tejita, por destruir dunas protegidas, o la orden de derribo del hotel Oliva Beach en Fuerteventura.
"El descontrol del suelo queda patente en los 1.419 expedientes de sanción abiertos por la Agencia Canaria de Protección del Medio Natural en solo un año", refiere.
Además, este informe subraya que el azote de los temporales, como la borrasca 'Therese', que causó daños por ocho millones de euros y destrozó las piscinas naturales de La Laguna, "ha desnudado la fragilidad de este litoral artificializado".
Entre los problemas en el mar, cuya biodiversidad "padece alteraciones biológicas alarmantes", menciona el caso de Punta Blanca (Tenerife), con el proyecto de la empresa Underwater Gardens que, "en un flagrante ejercicio de lavado verde (greenwashing) oculta un parque temático privado sobre la Zona Especial de Conservación Teno-Rasca", por lo que la última noticia sobre la posible anulación de la Declaración de Interés Insular es "una buena noticia" para Greenpeace.
Paralelamente, el estudio detecta que la reserva marina del norte de Lanzarote "sufre el desplome de su biomasa pesquera por el cambio climático y la alteración de corrientes", que propicia la expansión de especies tropicales como la vieja (Sparisoma cretense) en detrimento de la caballa, mientras la Universidad de La Laguna confirma que el "alza térmica daña a tres especies esenciales de macroalgas".
Greenpeace celebra, no obstante, que el Cabildo de Gran Canaria haya frenado una macrogranja de lubinas en La Aldea de San Nicolás para proteger el entorno y la pesca sostenible.
La ONG alude también en su informe a la agresión que han supuesto para la playa de Veneguera (Gran Canaria) "los movimientos de tierra masivos de una filial del grupo Lopesan" que asegura que "está a la espera de la sanción de Costas".
Frente a infraestructuras obsoletas, como el macropuerto de Fonsalía, que todavía no ha desaparecido del plan de puertos canarios, Greenpeace destaca "soluciones basadas en la naturaleza y planes de retirada estratégica", como la demolición del hotel abandonado de Añaza para renaturalizar el frente costero de Santa Cruz de Tenerife o la inversión de 1,2 millones en la playa de Las Caletillas (Candelaria, Tenerife) para habilitar accesos integrados sin escolleras.
A ellos suma la gestión en La Cícer (Las Palmas de Gran Canaria), donde el Ayuntamiento "evitó verter arena artificial al demostrarse científicamente que la propia hidrodinámica del mar recupera los sedimentos en primavera".
“La costa canaria se enfrenta a una crisis climática que cada vez deja impactos más visibles y violentos. La Administración debe afrontar esta realidad para garantizar la supervivencia de su riqueza litoral”, ha recalcado la responsable de la campaña de Adaptación de la Costa en Greenpeace, María José Caballero.
Por todo ello, la ONG pide soluciones naturales que prioricen la restauración de la naturaleza frente a espigones y diques, para así "frenar el ladrillo en zonas inundables y en los últimos tramos libres de la costa".
Y propone "planificar la retirada de infraestructuras expuestas, asumiendo que la arena artificial es económicamente inviable, gestionar ríos y embalses para que la arena natural vuelva a llegar a las playas, y diseñar el futuro de la costa bajo criterios científicos, alejándose del cortoplacismo político".
La costa canaria cuenta con 18 puntos críticos, 150 kilómetros de litoral en peligro y casi 1.500 expedientes abiertos, con factores como "la asfixia del cemento" o "las construcciones ilegales en el dominio público y la desregulación normativa" que "amenazan la integridad de la costa de las islas", advierte este estudio, que la ING ha dado a conocer este jueves en un comunicado.
En él se asegura que "las escolleras artificiales o la reparación de paseos marítimos tras los temporales son solo un parche muy caro y cada vez menos duradero frente a las soluciones basadas en la naturaleza".
Además, la organización ecologista advierte de que las proyecciones científicas prevén "una subida del océano cercana al metro para finales de siglo", por lo que "unos 150 kilómetros de costa canaria se encuentran bajo riesgo inminente".
El cambio climático "ya ha llegado y es letal", subraya la ONG, que denuncia que mientras "se habla de defensa del patrimonio para mantener construcciones en zonas de riesgo, se ignora la realidad física" porque "ni el mar ni el cambio climático van a respetar las excepciones administrativas".
La actividad humana, señala Greenpeace, destruye cada año cuatro kilómetros de costa natural debido a la artificialización, destacando conflictos como el que suscita el macroproyecto Cuna del Alma, en Adeje, investigado judicialmente por invadir la servidumbre de protección, las protestas contra el hotel La Tejita, por destruir dunas protegidas, o la orden de derribo del hotel Oliva Beach en Fuerteventura.
"El descontrol del suelo queda patente en los 1.419 expedientes de sanción abiertos por la Agencia Canaria de Protección del Medio Natural en solo un año", refiere.
Además, este informe subraya que el azote de los temporales, como la borrasca 'Therese', que causó daños por ocho millones de euros y destrozó las piscinas naturales de La Laguna, "ha desnudado la fragilidad de este litoral artificializado".
Entre los problemas en el mar, cuya biodiversidad "padece alteraciones biológicas alarmantes", menciona el caso de Punta Blanca (Tenerife), con el proyecto de la empresa Underwater Gardens que, "en un flagrante ejercicio de lavado verde (greenwashing) oculta un parque temático privado sobre la Zona Especial de Conservación Teno-Rasca", por lo que la última noticia sobre la posible anulación de la Declaración de Interés Insular es "una buena noticia" para Greenpeace.
Paralelamente, el estudio detecta que la reserva marina del norte de Lanzarote "sufre el desplome de su biomasa pesquera por el cambio climático y la alteración de corrientes", que propicia la expansión de especies tropicales como la vieja (Sparisoma cretense) en detrimento de la caballa, mientras la Universidad de La Laguna confirma que el "alza térmica daña a tres especies esenciales de macroalgas".
Greenpeace celebra, no obstante, que el Cabildo de Gran Canaria haya frenado una macrogranja de lubinas en La Aldea de San Nicolás para proteger el entorno y la pesca sostenible.
La ONG alude también en su informe a la agresión que han supuesto para la playa de Veneguera (Gran Canaria) "los movimientos de tierra masivos de una filial del grupo Lopesan" que asegura que "está a la espera de la sanción de Costas".
Frente a infraestructuras obsoletas, como el macropuerto de Fonsalía, que todavía no ha desaparecido del plan de puertos canarios, Greenpeace destaca "soluciones basadas en la naturaleza y planes de retirada estratégica", como la demolición del hotel abandonado de Añaza para renaturalizar el frente costero de Santa Cruz de Tenerife o la inversión de 1,2 millones en la playa de Las Caletillas (Candelaria, Tenerife) para habilitar accesos integrados sin escolleras.
A ellos suma la gestión en La Cícer (Las Palmas de Gran Canaria), donde el Ayuntamiento "evitó verter arena artificial al demostrarse científicamente que la propia hidrodinámica del mar recupera los sedimentos en primavera".
“La costa canaria se enfrenta a una crisis climática que cada vez deja impactos más visibles y violentos. La Administración debe afrontar esta realidad para garantizar la supervivencia de su riqueza litoral”, ha recalcado la responsable de la campaña de Adaptación de la Costa en Greenpeace, María José Caballero.
Por todo ello, la ONG pide soluciones naturales que prioricen la restauración de la naturaleza frente a espigones y diques, para así "frenar el ladrillo en zonas inundables y en los últimos tramos libres de la costa".
Y propone "planificar la retirada de infraestructuras expuestas, asumiendo que la arena artificial es económicamente inviable, gestionar ríos y embalses para que la arena natural vuelva a llegar a las playas, y diseñar el futuro de la costa bajo criterios científicos, alejándose del cortoplacismo político".