Las campanas de la iglesia de Teguise vuelven a sonar tras 20 años de silencio

La iglesia de Nuestra Señora de Guadalupe de La Villa de Teguise ha recuperado su reloj y sus campanas tras la reciente restauranción hecha posible tras el acuerdo sellado entre el Vicario General de la Diócesis de Canarias y el ayuntamiento de Teguise.

La iglesia de Nuestra Señora de Guadalupe de La Villa de Teguise ha recuperado su reloj y sus campanas, una iniciativa refrendada por el sentir unánime de todo el pueblo de Teguise, según explicó su párroco.

El templo más antiguo de Lanzarote, iglesia matriz insular hasta finales del siglo XVIII, y posteriormente, iglesia parroquial del municipio de Teguise, está siendo tratada como Bien de Interés Cultural, Conjunto Histórico de Teguise, regulado por leyes de Patrimonio Histórico español y Patrimonio Histórico de Canarias, que disponen sobre el deber de conservación de los BIC por las instituciones que les afectan.
 
El alcalde de Teguise, Oswaldo Betancort, ha presentado en la mañana de hoy, martes 13 de diciembre, el reloj y las nuevas campanas de la torre de la iglesia bajo el lema 'Teguise se pone en hora'.
 
A este respecto, Betancort aseguró que vienen poniendo en hora a Teguise desde que comenzó su gobierno, "trabajando por este pueblo, y con este acto, corroboramos de forma simbólica los valores de la perseverancia y la constancia, ingredientes imprescindibles para conseguir cualquier meta".
 
Por otro lado, el alcalde resaltó que “la posición del Ayuntamiento siempre ha sido diáfana en lo que se refiere a rescatar, actualizar y preservar el patrimonio de todos, lo que nos identifica como pueblo, lo que compone nuestro paisaje natural, histórico y humano”.
 
Así pues, el alcalde hizo hincapié en que "para lograr un mejor futuro el pasado ha de ser reconocido, amado y comprendido" y de esta maner podremos recuperar  "el sentimiento de pertenencia a la primera capital que se funda en las Islas Canarias conquistadas y en la que celebramos nuestro 600 aniversario en 2018”.
 
 
Historia de una iglesia que ardió en llamas
 
El 6 de febrero de 1909, sobre las 12 horas de la mañana, se produjo un incendió en la Iglesia Parroquial de la Villa de Teguise. El corresponsal en Arrecife del Diario de Las Palmas envió un telegrama al periódico que decía: “La iglesia del pueblo de Teguise, en esta isla, está ardiendo. Se teme que el fuego se propague a otros edificios. Las autoridades con auxilios salen ahora para dicho pueblo. No hay noticias de desgracias personales.”
 
Un monaguillo limpiando unos candeleros metálicos en la sacristía fue la causa  original del incendio. Para derretir la cera adherida a los objetos que limpiaba, encendió una vela colocándola próxima a un ropero, momentos antes de las doce, dejándola encendida cuando a ésa hora subió a la torre a tocar. Al regresar algunos minutos después a la sacristía el fuego había comenzado a prender en los roperos donde se guardaban los ornamentos sagrados, y poseído el muchacho de pavor huyó, avisando al vecino más próximo, don Juan Crisóstomo García, quien al acudir provisto de agua con el propósito de extinguir el incendio, encontró ya la sacristía convertida en un ascua de fuego y una densa humareda llenándolo todo.
 
Desde este momento puede afirmarse que el fuego avanzó con vertiginosa rapidez invadiendo las capillas con velocidad tan increíble que el reloj de la torre, situada en el extremo opuesto al punto inicial del incendio, aparecía parado a las 12 y 25, hora en que llegaron a él las llamas.
 
Solo fue, pues, posible a dos o tres vecinos arrojados, entre los que se encontraban don Manuel Espínola, salvar la imagen de la Virgen de Guadalupe, patrona de Teguise, y las de San Pedro, San Marcial, y al Concepción, siendo inútiles por la densidad del humo cuantos esfuerzos se hicieron para extinguir el incendio, mejor empleados, sin duda, si se hubiesen encaminado a salvar los objetos valiosos y los santos.
 
Cuando a las tres de la tarde llegamos a Teguise el Juez de Arrecife y otras varias personas, destruido por completo el templo solo restaban de él escombros humeantes. “Las llamaradas eran como gigantescas olas rojas embicadas al cielo, y el humo cubría a la Villa como una inmensa capota negra”, relataba un testigo.
 
Era párroco de Teguise en esa época don Antonio Gil, que en el momento de producirse el incendio se encontraba en el pueblo de Haría, adonde se había trasladado a recoger a un padre misionero para traerlo a Teguise. El Señor Cullen lo visitó en su casa, diciendo que “jamás he presenciado un dolor más profundo y más sincero que el de aquel ejemplar sacerdote. Anegado en llanto y presa de terrible excitación era imposible permanecer inalterable ante su sentimiento tan hondo. Cuando me marché le oí exclamar: ¡Dios mío, Dios mío, qué ha sido de mi iglesia!”.
 
Las lágrimas del párroco, impotentes para apagar el incendio, se mezclaron con las cenizas, que comenzaron a resurgir desde el momento en el que la solidaridad imperó para recuperar la iglesia con la aportación de muchos fieles. Las obras de restauración las tomaron con cariño los párrocos don Antonio Gil Santana, don Rafael Hernández, don Nicolás Rodríguez, y don José Fajardo Morales.

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