El Agitador en las alcantarillas

Cada uno decide qué hacer con las herramientas que tiene en sus manos, del mismo modo que elige cómo comunicar aquello que es de su interés o cree que lo es de terceras personas. Por tanto, que no suene raro el título que adjudica a El Agitador un paseo por las alcantarillas. Su decisión es descender hasta ahí y contar las miserias de nuestros convecinos con aire desenfadado, satírico y faltón. Es esa no ya una vocación, sino una decisión. Estar abajo con los que se pusieron abajo parece la clave, y a partir de ahí, dar caña desde su interpretación del humor. 
 
Nunca me gustó El Agitador y hasta este momento ni tan siquiera ha dibujado nada en mi cara parecido a una sonrisa. No les cuento en la cara de los afectados. Miro El Agitador cuando alguien me lo envía, y el regocijo de sus autores es un suerte de vergüenza ajena que me sacude, pues la empatía hacia los retratados no me abandona un solo momento. Por muy delincuentes, sinvergüenzas, defraudadores o ladrones que sean los protagonistas. Por muy merecido que algunos consideren el escarnio público, no aguanto determinados retratos por innecesarios, por poco determinantes para lo que sea objeto de crítica.
 
Se expone El Agitador a quedarse en el charco
Corre el riesgo El Agitador, a pesar de sus bufonadas, sátiras y chistes, a pesar de la culpabilidad, supuesta o demostrada de los retratados, de exponerse, decía, a quedarse en el charco y a excederse en el tono. Por innecesario y doloroso, no puedo con el tono.
 
No me gusta Joel Delgado, reciente portada ¿del medio? Y, por si hay dudas de mi parcialidad, me gusta mucho menos Carlos Espino. No puedo demostrar si uno es más limpio, más integro, ni más honesto que el otro, pero nadie merece una portada que haga guiños que evidencie opciones sexuales que nada aportan a estas causas de supuestas corruptelas. Se equivoca Espino doblemente, por su supuesta condición  socialista y progresista en dar cancha a aquello de quién es pareja de quién. De ahí la apelación al político socialista en el marco de este artículo.
 
Pedro Zerolo, socialista y progresista, de estar vivo, mandaría rayos y centellas a Espino por la innecesariedad de sus comentarios y De Anta, progresista y socialista, está tardando en prescindir de sus juicios y opiniones. Esto iba de alcantarillas y con Zerolo y de Anta me he salido de ellas.
 
¿Y si fuera yo el objeto de la humillación de El Agitador? Terrible, ni se me pasa por la cabeza la insinuación a mis gustos sexuales, algo del todo innecesario si mis culpas fueran las de meter la mano en la caja, pongo por caso. Y de mi casa, ni les cuento, qué necesidad tiene la familia de según qué cosas. Porque los de El Agitador, igual se la cascan ante un zapato, y eso, en el marco de este texto, no es de interés, absolutamente de nadie.