El silbo gomero triunfa en Cannes

El silbo gomero triunfa en Cannes

Emociona mucho leer el nombre de nuestra hermana isla de La Gomera entre los cientos y cientos de títulos que atiborran la programación del Festival de Cannes. Para el mercado internacional la película se titulará The Whistlers (Los silbadores, Les Siffleurs en francés), pero como título original el director Corneliu Porumboiu ha decidido mantener el del nombre de la isla: La Gomera. Desvelaba Porumboiu en rueda de prensa que el equipo se entusiasmó desde el primer momento con el proyecto pensando que se titulaba Gomorra, en lugar de Gomera, pero que un vez aclarada la confusión se pusieron manos a la obra con idéntica pasión.
 
Esta coproducción rumano-francesa, rodada en su mayor parte en nuestra isla colombina, contiene una trama policíaca en la mejor tradición del cine negro, con traficantes de droga, femmes fatales y policías corruptos, alternando entre Bucarest y Valle Gran Rey. Un argumento disparatado, una locura maravillosa en la  que el silbo gomero se erige en protagonista como medio cifrado de comunicación utilizado para esquivar las escuchas y los espionajes policiales. No piensen mal: entre semejante delirio, el silbo gomero es tratado con respeto reverencial, como patrimonio mundial  de humanidad que es. Prueba de ello es la exigencia de aprender a silbar que el director impuso a sus actores, cosa que lograron en apenas tres meses de instrucción, con cuatro horas diarias de ensayo, gracias al profesor (y actor ocasional también aquí) Francisco Correa. Porumboiu, cinéfilo hasta los huesos, llega a comparar, con una cita explicita en el transcurso de la película, al silbo gomero con el de los indios norteamericanos de Centauros del desierto.
 
Salimos tan gozosos de la proyección que nos atrevimos a intervenir en la rueda de prensa posterior
Para los que le seguimos la pista desde hace ya tiempo, no nos sorprenden estos dislates de Porumboiu. El año pasado presentó en Berlín una rareza documental que proponía alterar las reglas el futbol reduciéndolas a siete jugadores por bando. Futbolero de pro, tiene una película anterior en la que revisa un partido disputado en los ochenta entre Dinamo y Steaua de Bucarest (arbitrado por su propio padre), que se convierte en toda una disección de los estertores del régimen de Ceaucescu. Pero hay mucho más: Porumboiu se reveló en 2006 en Cannes con 12:08 Al Este de Bucarest, una sátira hilarante sobre la llamada revolución rumana del 89. Y poco después se consagró con Policía, Adjetivo, en la que revela su obsesión por el lenguaje y los limites que nos impone. Justamente esta película es el precedente inmediato de La Gomera, un nuevo episodio de las desventuras del inspector Cristi y una nueva reflexión sobre los medios de expresión que han llevado a Porumboiu hasta el silbo gomero.
 
Confesaba el cineasta que conoció el silbo hace unos diez años y que a partir de ese descubrimiento nació este proyecto que ha tardado todo este tiempo en ser realidad. No esperen una obra redonda porque directamente reniega de ese tipo de pretensiones. Es una película desatada, fresca, chispeante, pero no por eso menos reflexiva, plagada de vericuetos y claves que bien merecerán un visionado más reposado. Se lo nota a Porumboiu más liberado de esos corsés propios del cine del este. Se permite incluir mucha música. Arranca con Iggy Pop y su The Passenger y todavía llevamos esos acordes en la cabeza. Y el humor no le ha faltado nunca, a veces sarcástico y siempre entrañable. Salimos tan gozosos de la proyección que nos atrevimos a intervenir en la rueda de prensa posterior. Bastaron un par de carajillos para calmar los nervios y los temblores.

El silbo gomero triunfa en Cannes
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