La emergencia climática es también turística

La emergencia climática es también turística

Cuando ves que donde hubo desiertos de hielo sólo queda agua y donde hubo océanos sólo hay plástico, te preguntas qué puedes hacer para no empeorar la situación y que tus descendientes no sufran las consecuencias de tu pasotismo. Y te asalta la duda sobre cómo hemos dejado que llegara este momento teniendo los recursos necesarios para evitarlo. Aunque hay otra variable preocupante y es que también hay quien niega este proceso que ya ha sido calificado como emergencia climática por la ONU que alterará radicalmente el clima y la vida en el planeta, e incluso quien no le preocupa el futuro sino SU presente. Pero lo cierto es que nos está afectando YA a todos y tenemos que actuar contra el fenómeno y quienes no piensan globalmente sino egoístamente.
 
Así como la globalización y la revolución de las comunicaciones ha transformado el mundo, uno de los sectores que más ha crecido y cambiado en este contexto ha sido el turístico. Es por ello que el cambio climático también afectará de forma significativa al sector económico más importante de las islas. Y no basta con contemplar sin actuar para evitar el diagnóstico terminal. Nos va en ello la ruina económica, primero, y el fin de nuestro 'bienestar' por no citar la autodestrucción de la especie no tan lejana.
 
Las islas estamos expuestas en la primera línea de la acción del mar y su elevación afectará al 99% de la oferta turística
Las islas estamos expuestas en la primera línea de la acción del mar y su elevación afectará al 99% de la oferta turística insular. Además, el aumento de las masas de agua en los océanos impulsará la actividad atmosférica y telúrica. Pero a la espera de esas situaciones hay una que ya está incidiendo en nuestro sector turístico. El aumento de las migraciones climáticas -estacionales o casi permanentes- de otros países europeos, principalmente jubilados, pero también comienzan a proliferar movimientos sociales de contestación al alto coste ambiental que producen los desplazamientos turísticos lo que consideran vergonzoso. No es de extrañar, ya que los transportes en avión, los cruceros turísticos (junto con el metano de las explotaciones ganaderas, principales agentes del cambio climático) o las diversas actividades relacionadas con el sector tienen una alta incidencia en el consumo de recursos energéticos, territorio y materias primas.
 
Aunque el sector turístico es ágil en las respuestas (no todo) y ya impone campañas de concienciación, medidas como reducir el uso de plásticos o implantar la Huella de Carbono en sus protocolos de Responsabilidad Social Corporativa.
 
Hasta aquí, todo es sabido y las señales de alarma son cada vez más preocupantes, por lo que es urgente la intervención de las administraciones y la imposición (real y efectiva) de medidas a seguir por la población. Pero la política (especialmente en estas islas) muestra su rostro más deplorable y frustrante a la vista de los resultados. Hace más de una década fue nombrado Faustino García Márquez responsable de la Agencia por el desarrollo Sostenible y contra el Cambio Climático. Dimitió por las discrepancias con el Gobierno que le había nombrado. Y poco más se hizo, ya que los expertos no hacen más que rechazar -y denunciar- los intentos de crear un espectáculo de cara a la galería pero sin tomar medidas efectivas.
 
La pugna (más bien intento de asfixia) del Gobierno autonómico hacia el Cabildo Insular de Gran Canaria ha impedido la creación del Observatorio del Cambio Climático y los Territorios Insulares, promovido por la Corporación grancanaria, y no se ha puesto en marcha la legislación climática que debería estar ya en vigor si aceptamos que la situación es de emergencia.
 
Gran Canaria debería unirse (alguien debe dar el primer paso) y movilizar al conjunto de islas del planeta
Pero lo más grave es que no exista un equipo de análisis (permanente) y un plan para combatir la amenaza ya convertida en enemigo imprevisible y devastador. El turismo es su primera víctima y con él la economía insular. Por eso, Gran Canaria debería unirse (alguien debe dar el primer paso) y movilizar al conjunto de islas del planeta con una organización permanente que reclame toda la atención sobre la emergencia en la que vivimos. Podría parecer una utopía de David frente a Goliat, pero no olvidemos que frente a las grandes potencias se gestó el movimiento de los no alineados, es el momento de dar voz a los territorios aislados. 
 
Paralelamente (y de forma urgente), ya sea en la Universidad de Verano de Maspalomas, en el Foro Internacional de Turismo de Maspalomas, o mediante la creación de un órgano específico entre la ULPGC y el Cabildo, se debería promover un congreso internacional sobre emergencia climática e islas, con un temario que aborde temas como: qué es el cambio climático; su incidencia en los territorios insulares; en el turismo; cómo combatir el cambio climático; geopolítica del clima; migraciones climáticas; los transportes y su impacto climático; la huella de carbono un gran paso para la supervivencia... Y, sobre todo, promover esa cumbre de islas y el organismo que represente a todas para luchar por su supervivencia.
 
Todavía estamos a tiempo de frenar la hecatombe, pero las decisiones y las actuaciones han de ser urgentes.

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