La Graciosa, no cabe un alma en Semana Santa
La Graciosa, no cabe un alma en Semana Santa
09 de abril de 2017 (06:00 h.)
Desde hace décadas, La Graciosa es uno de los destinos preferidos en Semana Santa. Caleta del Sebo ha colgado el cartel de lleno, pues no cabe un alfiler.
Hace décadas que La Graciosa está a reventar en Semana Santa. La isla se acicala, se repone la arena en alguna playa de Caleta del Sebo, la zona de acampada no admite más casetas y los apartamentos están a rebosar. También hay lugar para los oficios religiosos propios de estas fechas, pero, no nos engañemos, la mayoría de la gente pasa de la semana de pasión. Predomina el ambiente vacacional nada más comenzar la primavera, preámbulo del buen tiempo y del retorno a la playa.
Con una superficie de 29 kilómetros cuadrados, La Graciosa es, de antiguo, un destino turístico con encanto. Se espera buen tiempo en un espacio luminoso al abrigo del Risco de Famara, el recogido y mitificado (y mixtificado) pueblo de pescadores. A los habituales les aguarda las calles sin asfaltar y la hermosa sensación de desenfadada libertad y autenticidad en un espacio natural protegido, y, a la vez, la mayor reserva marina de pesca de la Unión Europea… La Graciosa lo tiene todo para el regocijo del espíritu. Las actividades invitan al sosiego, como tomar el sol y bañarse en la Francesa, La Cocina o Las Conchas, pasear a pie o en bicicleta por los caminos bien delimitados, practicar submarinismo y ‘snorkel’, o comer pescado fresco.
“No se sabe con exactitud el número de plazas turísticas que operan, pero se estima que hay más de 200 apartamentos disponibles”
La emoción comienza en el puerto de Órzola, durante la breve espera del ferri que realiza el corto trayecto hasta La Graciosa. La línea marítima movió más de 440.000 pasajeros en 2016. En el otro lado aguardan las 746 personas que residen en la isla y que, en su mayoría, se dedican al turismo y a las actividades que lo acompañan, como el comercio y la hostelería. Caleta del Sebo cuenta con varios restaurantes, bares, tienda de panadería y bollería, supermercados, carnicería, frutería, botiquín, discoteca y hasta una ferretería con útiles para la pesca. Existe de todo en la isla menos poblada de las ocho habitadas que hay en Canarias.
No se sabe con exactitud el número de plazas turísticas que operan en La Graciosa, pero se estima que hay más de 200 apartamentos disponibles, por lo que la capacidad alojativa ronda las mil personas, a las que habría que sumar las 500 plazas de la zona de acampada a pleno rendimiento. Porque es posible acampar, y gratis, en la playa del Salao.
“La zona de acampada está delimitada con cincuenta parcelas que admiten un máximo de diez personas cada una”
La Graciosa forma parte del Parque Natural del Archipiélago Chinijo, por lo que cualquier actividad que se realice en ella deberá atender que se trata de un espacio natural protegido. La zona de acampada está delimitada con cincuenta parcelas que admiten un máximo de diez personas cada una. En consecuencia, su capacidad máxima es de 500 personas. Dispone de unos aseos públicos con retretes, lavabos y duchas. La acampada libre es un vago recuerdo de otras épocas, cuando era tradición que, por estas fechas, grupos de personas se instalaran durante unos días en playa Francesa o en Montaña Amarilla.
La acampada se puede realizar durante todo el año, siempre que exista disponibilidad, pero en las fechas de fuerte demanda, como en Semana Santa, se recomienda realizar la reserva con antelación suficiente. Salvo los cascos urbanos de los dos núcleos habitados, Caleta del Sebo y Pedro Barba, el resto de la isla pertenece al Patrimonio del Estado y su gestión depende del Ministerio de Medio Ambiente.
Caminar descalzos por Caleta del Sebo es una agradable sensación que remite a la infancia, a lo auténtico y virginal. Pero recuerda que si se desea practicar la pesca con caña es imprescindible tener la licencia en regla, y que el marisqueo y la pesca submarina están terminantemente prohibidos.