ANÁLISIS
Las Salinas de Janubio y la desidia institucional
29 de octubre de 2016 (01:05 h.)
Las Salinas de Janubio languidecen ante la pasividad de las instituciones públicas. Creadas a finales del siglo XIX, las salinas más importantes y extensas de Canarias corren el riesgo de dejar de ser una de las postales más admiradas de Lanzarote.
La sal de Janubio, excelente, se debate entre precios irrisorios y la ausencia de mercados. Los bajos precios y los mercados impenetrables abocan a las salinas marinas artesanales canarias a la desaparición, las de Janubio entre ellas. Ante esta situación, que condena a las únicas salinas en activo que subsisten en la isla, las administraciones públicas han sido incapaces de articular respuestas, más allá de los infructuosos gestos de buena voluntad.
Janubio es un espacio creado por la acción humana sobre una inmejorable argamasa aportada por la naturaleza. Como La Geria, es un espacio cultural, pero no logra despertar la misma atención por parte de las instituciones públicas. Ello a pesar de que forma parte de la red insular de espacios naturales protegidos, un hecho que obliga a los poderes públicos a coadyuvar en su conservación, y no sólo a sus propietarios.
Hasta ahora, el Parlamento de Canarias ha aprobado, por unanimidad, nada menos que tres proposiciones no de Ley sobre las salinas marinas artesanales en los últimos seis años. En cada una de ellas, la Cámara instaba al Gobierno autónomo a adoptar medidas concretas para evitar la desaparición de las pocas salinas que quedan en activo. Papel mojado.
La primera proposición no de Ley la promovió el grupo nacionalista y data de 2010. La segunda, también del grupo nacionalista, está fechada en 2014. Y la tercera, en este mismo 2016, es una iniciativa del grupo Nueva Canarias. Consideradas en su conjunto, ofrecen un acertado diagnóstico y atinan en las medidas que deben ser adoptadas. A la espera, eso sí, de que algún día se pongan a trabajar en los compromisos que han adquirido. Mientras tanto, veamos algunas de ellas.
“Es esencial conseguir que la sal marina artesanal canaria sea declarada producto agrícola-alimentario, como ya sucede en algunos países europeos”
Es esencial conseguir que la sal marina artesanal canaria sea declarada producto agrícola-alimentario, como ya sucede en algunos países europeos. Ello permitiría que la sal marina se beneficie de líneas de ayudas ya existentes al dejar de ser considerada una actividad extractiva, dependiente de Industria, para convertirse en un producto alimentario, dependiente de Agricultura.
Una segunda medida muy bien podría introducir incentivos fiscales al tratarse de una actividad económica artesanal que favorece el medio ambiente, además de implantar ayudas directas a la producción de la sal marina por su contribución al entorno y al mantenimiento del paisaje. Todo ello por la vía de los Presupuestos Generales de la Comunidad Autónoma de Canarias.
En tercer lugar, se está tardando promover ante la Unión Europea planes específicos de ayuda a la rehabilitación de las salinas, con el fin de conservar los paisajes y preservar los valores culturales y ambientales que albergan.
Tampoco es descabellado encajar la sal marina en el circuito de comercialización establecido por el Gobierno de Canarias para las producciones alimentarias de las Islas, tratando de generalizar su consumo. Esta medida podría complementarse con la promoción la sal marina artesanal en los medios de comunicación, mediante campañas institucionales, destacando su aportación para la salud, también con cargo a los presupuestos públicos.
Y, por último, y sin ánimo de ser exhaustivos, muy bien podría retomarse una iniciativa del recordado Cándido Reguera en el Congreso de los Diputados: la proposición no de ley relativa a la creación del Plan de Desarrollo de Zonas de Interés Turístico, Medioambiental y Cultural, de 9 de marzo de 2009, que es de aplicación a todas las salinas canarias.
“El mantenimiento de las salinas marinas artesanales pasa inevitablemente por mejorar la competitividad de la sal producida en el mercado”
Razones hay de sobra para la adopción de estas medidas, entre otras. Las salinas marinas artesanales de Canarias constituyen espacios únicos. En particular, las de Janubio son las de mayor extensión y las de mayor producción del Archipiélago, y están consideradas uno de los ingenios salineros más importantes del planeta.
El mantenimiento de las salinas marinas artesanales, en definitiva, pasa inevitablemente por mejorar la competitividad de la sal producida en el mercado, que es lo único que garantiza la continuidad de la actividad económica y la conservación de los paisajes salineros. Ello, a su vez, pasa por conseguir que la sal marina artesanal deje de ser un producto minero para considerarse un producto agro alimentario.
En la actualidad, en las Islas quedan menos de diez salinas en explotación, que reúnen en torno a sí numerosos valores, en algunos casos centenarios, que es preciso salvaguardar. Estos valores paisajísticos, culturales, arquitectónicos, patrimoniales y naturales sólo lograrán subsistir si todas las Administraciones Públicas con competencias cooperan entre sí. De ahí que sea urgente el decidido apoyo e impulso del sector público para garantizar el sostenimiento de las salinas existentes.