A paseo las uvas y el paisaje. ¡Plátanos!

A paseo las uvas y el paisaje. ¡Plátanos!

Parece muy social la medida adoptada por el Cabildo de Lanzarote por medio del Área de Paisaje y Soberanía Alimentaria —entidad para mí absolutamente desconocida—, de la que ignoro de dónde obtiene sus recursos para la realización de las actividades que acomete y de las que se acaba de publicitar la correspondiente a la limpieza de fincas en el entorno de La Geria, utilizando a personas  con necesidades especiales.
 
Vivo habitualmente en Arrecife, y excepto una viña en La Geria,  las pequeñas fincas familiares desperdigadas por la isla se encuentran abandonadas. La viña de La Geria está como un palmito porque se paga a trabajadores que la atiendan. Con ello,  recogemos una cosecha de uvas que permite seguir pagando su mantenimiento. Diría que estamos con lo comido por lo servido. Esto significa que me apunto al sostenimiento del paisaje antropizado de La Geria, del que soy consciente de sus valores. Contribuyo a mantener la tradición vitivinícola de Lanzarote, y me siento arraigada a la tierra de esta forma, aunque pagando un peaje por mantener mi identidad.
 
Mis vecinos están como yo, viviendo en Arrecife, en Gran Canaria, o dónde la vida les haya conducido, con la sola diferencia de que las malas hierbas se han apropiado de sus tierras, los muros están en el suelo y las parras han crecido como desquiciadas o han muerto de abandono. Es difícil gestionar si no se tiene con quién, no se conoce a las personas que se dedican a ello, o no se quiere o no se puede pagar.
 
Ignoro cómo elige el Cabildo las fincas que arregla
Si el Cabildo recaudara un euro por turista para el mantenimiento del paisaje y me diera la parte que me corresponde, la carga sería menor. Sé que algunos de mis vecinos cogerían las perras y las fincas estarían igual de abandonadas, pues me consta que han recibido ayudas europeas y nadie del Consejo Regulador ha realizado la inspección de rigor para comprobar que las fincas se encuentran en estado de revista —lo hacen al azar, dicen—, puesto que la conservación de las mismas es la condición para disfrutar de las ayudas.
 
Ignoro cómo elige la institución las fincas que arregla con lo que entiendo que son recursos públicos, ni si algún empresario solvente se beneficia de la medida como dicen que ha sucedido, porque he de suponer que cuentan con la autorización por escrito de cada propietario para intervenir en sus fincas y por tanto conocen la identidad de los beneficiarios. No sé por qué unas sí y otras no, e ignoro la causa de que no se nos premie a los que sí las mantenemos adjudicando ayudas directas por el concepto de "paisaje".
 
Si la presidenta del Cabildo lo tiene a bien y me explica los criterios, a lo mejor entiendo que una cuadrilla me tenga la finca como una patena y yo voy una vez al año a recoger la cosecha e irme de viaje con los beneficios. También puedo sugerir que estaría dispuesta a pagar una cuota para que esos operarios me la cuiden, y que la misma cuota por hectárea la paguen todos los que estén dispuestos a tener las fincas en funcionamiento. Esta última medida permite que los propietarios no se vuelvan locos, principalmente si no pueden dedicarse personalmente a su atención, e incluso propicia que la gente mayor no se deslome o abandone la actividad si cuenta con una posibilidad de  que por una pequeña cuota, tenga la fina en producción y para el disfrute visual del turista.
 
Le recuerdo, presidenta, que estamos ante un periodo nuevo
Me recuerda este tipo de acciones a aquellas otras en las que tras una pérdida de la uva por un periodo de calor extremo, se exige al Cabildo que pague, cuando el propio viticultor se ha negado a concertar un seguro de  la cosecha. Censuro con este ejemplo determinados mecanismos de la administración por su arbitrariedad.  
 
Me quedan un par de opciones que considerar para la finca de mi propiedad. Una de ellas pasa por darme de baja del club de bodegueros que controla el Consejo Regulador y, a continuación, proceder al  arrancado del viñedo para dedicarme al plátano. Con las ayudas europeas, lo de tirar la producción a un barranco me compensa sobradamente. Y sé que se hace lo del barranco.  Así, ni paisaje ni nada.
 
Quedo a la espera de saber si  dejo de pagar los cuidados de mi viña para que me la incluyan en tan beneficiosa campaña de limpieza gratuita, esto es, por la cara, o si contactarán conmigo para ofrecerme la posibilidad de cobrarme un canon anual, lo cual me parecería mucho más que oportuno e inteligente.
 
Por cierto, si para el Consejo Regulador estoy en La Geria, no ubicándome entre La Asomada y Uga, me gustaría saber quién ha decidido que la campaña comprenda esos límites. No entiendo nada, presidenta, nada de nada. Usted dirá sobre la certeza o no de mis percepciones de arbitrariedad. Estamos ante un periodo nuevo, le recuerdo.

A paseo las uvas y el paisaje. ¡Plátanos!
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