La linterna que coronaba el campanario sigue ausente
La silueta quebrada de San Ginés y el skyline de Arrecife
El skyline de la ciudad de Arrecife quedó definido durante más de un siglo por el campanario del templo de San Ginés. Hoy, desmochado, malvive junto a otros hitos arquitectónicos que lo han ido ensombreciendo.
San Ginés de Clermont nunca tuvo una segunda torre. Desconocemos si alguna vez existió la intención de construirla, pues largo fue el proceso de erigir el templo, cuyos antecedentes se remontan a mediados del siglo XVI. Dado que este es fruto de sucesivas ampliaciones a lo largo del tiempo, su aspecto final tiene más que ver con la improvisación que con un proyecto arquitectónico, al modo en que sucede en otros edificios.
Mas, lo cierto es que la Iglesia de San Ginés posee una de las dos únicas torres del patrimonio eclesiástico insular. La propia torre era a su vez un referente en el perfil de la ciudad, el lugar más alto, hasta la segunda mitad del siglo XX.
“El skyline de la ciudad quedó definido durante más de un siglo por el campanario del templo”
La torre, la única torre, ha sido el elemento definitorio del skyline capitalino, entendiendo por este anglicismo la silueta de las edificaciones que conforman la ciudad en la distancia, y que hace más referencia a los rascacielos recortados de las grandes urbes que a los modestos edificios de una capital como Arrecife. Dando por bueno aquel término, el skyline de la ciudad quedó definido durante más de un siglo por el campanario del templo.
En los años setenta, son otros hitos arquitectónicos los que van dejando su huella, recortando el cielo y redefiniendo aquella silueta. Esos nuevos hitos sirven, a la vez, de nuevas marcas a los pescadores de bajura para fijar sus lugares de pesca favoritos.
Parte de la ciudad, exactamente la que queda conformada por el núcleo fundacional en torno al Charco de San Ginés, nunca ha dejado de tener sus referencias visuales en la torre y su linterna, esa pequeña construcción que la remataba.
La iglesia de San Ginés, apenas es ni la sombra de lo que fue, motivado más por la potente fuerza destructora-creadora de sus párrocos que por otras catástrofes. Todo aquel proceso de construcción y reconstrucción que se produce desde el siglo XVI, que va aportando valor al inmueble, queda anulado por las más que discutidas intervenciones de los últimos cuarenta años.
“Las innovaciones han dejado paso a agujeros en la memoria del interior del templo, y a un socavón en la fisonomía de la ciudad”
Entre las innovaciones de la liturgia, y el afán decorativo de los curas, el templo no es reconocible, deviniendo en un bazar de escaso valor artístico y mayor pretensión. El coro, los retablos, las puertas, el pavimento, las vidrieras y la linterna, por ese orden han dejado paso a agujeros en la memoria del interior del templo, y a un socavón en la fisonomía de la ciudad.
Declarada Monumento en 1993, preside el entorno donde se fundó la ciudad y representa el principal inmueble del patrimonio eclesiástico del municipio. Las determinaciones de su normativa de protección contempla, entre otros aspectos, la torre y la carpintería de madera, entre la que, por extensión habría que incluir la linterna que remataba el campanario, y que fue retirada hace dos años y medio.
Ha habido recursos económicos que destinar para el templo, para elementos de los que fácilmente se puede prescindir. Estos recursos, paradójicamente, se emplean en un momento en que la Iglesia debe hacer frente a las necesidades de la comunidad. En un marco de crisis económica y de extraordinaria precariedad, la institución no ha dado ejemplo de sobriedad y no parece quedar nada para la reposición de su destacado elemento desaparecido, su linterna, que en un símil del ingenio que despide luz, nos ha dejado un poco a oscuras.
Decididamente, casi diríamos que San Ginés nos ha dejado huérfanos hasta a los infieles.