Top Secret, 28 de diciembre de 2018

Feliz 2019

28/12/2018

Feliz 2019

Se nos va 2018. Y llega el año nuevo cargado de esperanza y nuevos propósitos. La esperanza, como es lo último que se pierde, capaz es de quedarse con nosotros hasta agotar las fechas del calendario. Lo segundo, por el contrario, nos dura más bien poquito. Dicen las estadísticas que nosotros, los humanos, más o menos coincidimos a la hora de los propósitos de año nuevo. A saber: perder peso y mantenernos en buena forma física, dejar de fumar, aprender algo nuevo, comer sano y tener una dieta equilibrada, saldar las deudas y ahorrar, pasar más tiempo con la familia, viajar y ver lugares nuevos, estar menos sometidos a estrés, unirse a algún voluntariado y beber menos alcohol. No se preocupen. Ni siquiera debemos mortificarnos por el hecho de que algunas de estas intenciones entren en contradicción con otras; ya me dirán cómo se puede ahorrar y viajar al mismo tiempo o estar sometido a menos estrés y pasar más horas con la familia, por poner dos ejemplos, ya que sólo ocho de cada cien personas logran hacer algo de lo descrito. El resto se queda en el camino. De los de voluntad floja, el 25% no llega ni a la primera semana de enero con los propósitos. El 77% lo deja antes de que acabe enero y el 40% no supera los seis meses. Ese parece, por tanto, nuestro tope: seis meses. Y, puestos a ser tiquismiquis, les diremos que el propósito al que antes se renuncia es el más común que solemos hacer: este año iré al gimnasio. Así que, si quieren un buen consejo, pasen de pedirles a los Reyes Magos nada que tenga que ver con mallas de licra, playeras de última generación o cacharros de medir distancias y velocidades: antes del mes estarán abandonados en el rincón de las cosas olvidadas.

Muy complicados

Y es que los humanos somos así de complicados. Queremos pasar del sillón a hacer el Ironman; de decir 'haiga' a hablar inglés mejor que Shakespeare o de negar un euro al gorrilla del aparcamiento a apuntarnos a Médicos sin Fronteras. Y así, es lógico, nos agarramos a la primera excusa que pasa para aparcar las ideas de año viejo. La conclusión no puede ser otra que elegir entre dejar de hacer propósitos o hacerlos antes de beber vino. Que esto de los propósitos, por cierto, no debe ser demasiado distinto a poner cosas en los programas políticos, ahora que estamos a punto de estrenar año electoral. Por estas latitudes hemos visto desde fábricas de joyas en Haría hasta mariposarios de lujo en Puerto del Rosario, pasando por un Palacio de Congresos cada año, desde hace unos cuantos lustros. En fin que, visto lo visto, el mejor de los propósitos ha de ser el más sencillo: desear felicidad. Que todo vaya como uno desea y con la gente que quiere. Y gracias por seguir este Top Secret un año más. Les esperamos en 2019

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