La Calle Real sin chinijos

Amalia M. Fajardo
31/8/2021

No conozco a Santa Marta,

la vi ayer al otro lado y me paré tras ver la muerte de la mayor parte de mi calle de toda la vida, que guardaba en la mente viva...la infancia. 

Se me habia quedado el reloj de arena en la playa y se me perdió el tiempo. 
Fue de esas emociones que no tienen forma de gestión. 
 
Pensé en lo terrible de normalizar el "se alquila". El "se vende" o el "liquidación por cierre".
 
Los sueños de las Martas que emprendieron sus ilusiones, el terrible desenlace de tirar la toalla  en pleno agosto y que no sea en la playa. 
El covid camuflado en globalización que ha estornudado sin ningún tipo de medida de seguridad al pequeño que se sabía tenía las defensas bajas. 
 
La falta de sensibilidad de quienes ni se cuestionan la enfermedad. 
 
Santa Marta perdiendo la fe. 
 
Aunque no es la más pequeña de las santas,  pero detrás había alguien muy grande que se cansó seguro de seguir creyendo que lo era. 
 
Y cerca de la Santa, una Calle Real muerta que se convierte en un barrio de cualquier otro lugar. 
 
Que  ya no suena familiar el tono del de aquí, si no las voces de otros de allí. 
 
Todo el mundo merece rehacer la vida en otros lugares, como siempre digo, huir de los infiernos es lo lógico y lo natural. 
 
Pero normalizar la muerte cultural y el ADN de un lugar es la mayor de las tragedias.
 
Que la Calle Real ya no suene a conejero y se escuche más un parcero que un "chacho mi niño", es triste. 
 
Sin ofensas a nadie porque no va por ahí, pero pido también respeto porque a mí me duela perder la identidad de mi ciudad..
 
Pido que el que me lea y tenga en su cabeza el lugar donde nació, lo imagine lleno de conversaciones y coloquios diferentes, y que intente buscar el suyo y no lo encuentre. 
 
Es una tragedia. Perder las identidades de los lugares, con su gente y sus costumbres.
 
A mi me duele no escuchar "mi niño" en mi calle.
 
A mi me duele, no ver chinijos, ni madres que perpetúen el grito.
 
Dejar morir las costumbres, la cultura, la vida de una zona, ES DEJAR MORIR LA HISTORIA..
 
Santa Marta, ojalá la fe vuelva a florecerte. 
Ojalá volverme a levantar en Arrecife cuando sonaba a Lanzarote.

2 Comentarios

Al atardecer, lo que fue pista de patinaje y hoy es un pretendido parque infantil en el Parque Ramírez Cerdá, está lleno de niños. Sus madres visten túnicas, pero sus hijos son niños que juegan igual en todo el mundo. No dicen "chinijo" y el grito que perpetúan sus madres es el de su nueva vida en otra tierra, cosa que los niños ni entienden. ¿Cuántas generaciones han de pasar para ser de aquí? Piense en lo que ha escrito y lo que subyace en lo que ha escrito.
Peligroso texto que intenta justificar- en el fondo,bajo las perversiones de la nostalgia- ideas de superioridad racial.

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