Paulino Rivero

Las amenazas que pueden frenar la remontada

25/7/2020
El pasado mes de marzo el crecimiento que tuvo el número de infectados por el coronavirus en España obligó al Gobierno a declarar el estado de alarma y al confinamiento de la población. Solo los servicios esenciales se mantuvieron funcionando, aunque bajo mínimos, el resto de las actividades y servicios quedaron paralizados. El Gobierno de España se vio ante la disyuntiva de intentar preservar la salud de la población, con el confinamiento y el aislamiento, para cortar la cadena de contagios o paralizar los servicios y la actividad productiva. Acertadamente, en mi opinión, optó por lo primero. Hizo bueno el dicho popular de que la salud es lo primero.
 
Cuando el veintiuno de junio se levantó el estado de alarma se había contenido el nivel de contagios y de hospitalizaciones. Al tiempo que disminuía el número de contagiados y fallecidos por el coronavirus, las actividades productivas empezaron a levantar puertas y a abrir ventanas, siquiera muy lentamente.
Llama poderosamente la atención la falta de medidas más contundentes para intentar frenar los rebrotes
 
Estos largos tres meses de paralización de prácticamente todo el sistema productivo sólo ha sido posible superarlos con los ERTE junto a distintas medidas sociales impulsadas por el conjunto de las Administraciones Públicas. Ahora bien, el problema está en que si no funciona la economía no habrá capacidad para afrontar con recursos públicos un situación similar a la que hemos vivido, particularmente grave es este contexto en el caso de la economía canaria, dada la dependencia que tiene del turismo, un sector gravemente afectado por una serie de factores que escapan a nuestro control.
 
La situación en los países de origen, la disminución de las plazas aéreas, el miedo a hacer un vuelo de cuatro horas o las nada tranquilizadoras noticias que le llegan del destino pueden ser razones suficientes para decidir que los días de descanso se vivan en un entorno cercano. Por todo ello, llama poderosamente la atención la falta de medidas más contundentes para intentar frenar los rebrotes de contagios que se están produciendo en España. Si la situación ya era compleja para este verano y para la próxima temporada de invierno, las alarmantes noticias que nos llegan cada día parecen empeorar las incertidumbres y multiplicar los miedos.
 
La propia ministra de Industria y Turismo, Reyes Maroto, reconocía hace unos días que las cancelaciones se han vuelto a disparar estos últimos días y que el ritmo de reservas cae a ritmo acelerado. Sin duda, los numerosos rebrotes y la gestión de los mismos están frenando en seco la remontada turística. Si a finales de junio con la reapertura de fronteras y los contagios en fase de control el sector vivió un repunte de reservas y ocupación, ahora la situación está dando un vuelco.
Hay que actuar preventivamente por la salud sanitaria y económica de nuestras islas
 
En manos del Gobierno de Canarias no está la capacidad de obligar a llevar a cabo test de control en origen para detectar la infección entre los pasajeros que nos visitan, pero si la de garantizar que somos un Archipiélago seguro. La prevención es muy importante. Están identificados los espacios y el segmento de población en los que se están produciendo mayoritariamente los rebrotes. Hay que actuar preventivamente por la salud sanitaria y económica de nuestras islas.
 
Tampoco facilita las cosas para Canarias las llegadas incontroladas de pateras a nuestras costas. El Gobierno de España suele relajarse cuando no siente la presión política y mediática desde las Islas. La tendencia en el número y las condiciones en las que están llegando los inmigrantes a través del mar es preocupante. Las políticas de cooperación con los países de origen y el control antes de la salida suelen ser las acciones más efectivas. Sin embargo, no parece que en estos momentos se estén empleando a fondo las autoridades competentes, en Madrid o Bruselas, como sí lo hicieron años atrás. 
 
En estos tiempos confusos y llenos de incertidumbres sumemos seguridad sanitaria y salud a la ventaja competitiva que nos da el clima, el cielo, el mar y la diversidad paisajística.  Está en juego la salud económica y social de la gente que vivimos aquí. No podemos permitirnos reaccionar tarde, porque puede que para entonces el daño sanitario y económico sea ya irreversible para nuestras Islas.

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