Opinión

Esencia de cultura antillana

Esencia de cultura antillana

Por allá en diciembre de 2021, nada más entrar, me encandiló la fotografía de gran tamaño que preside  el comedor de un restaurante - sala espectáculo, situado a pocos metros de la bulliciosa Puerta del Sol de Madrid, que rastreé por internet,  como se busca pareja y ahora casi todo en esta vida. 

Me entusiasmó esa imagen llena de ternura de la cantante Omara Portuondo estampando un beso en la mejilla al músico y compositor Compay Segundo, por dos motivos: uno, que soy fanático declarado de la música y la cultura cubana en general, y ese fotograma sacado del vídeo oficial de la canción Chan Chan que forma parte del documental Buena Vista Social Club dirigido por el cineasta alemán, Wim Wenders, reúne dos leyendas de la creación cubana, que más que figuras caribeñas son ya patrimonio del arte contemporáneo mundial; y otra, porque enseguida me vinieron a la mente sucesión de imágenes de disfrute de actuaciones y de encuentros periodísticos personales con grandes exponentes de la cultura cubana, entre ellos, la mismísima Omara Portuondo, en un cara a cara inolvidable para mí en la terraza de un hotel de la ciudad de Barranquilla, Colombia. Así, la animada celebración familiar en ese rinconcito  llamado La Negra Tomasa terminó siendo también una evocación a la rica identidad cultural antillana con sello universal.

Hablando con el cantante del trío santiaguero que actuó esa noche le conté sobre la  buena impresión que mantengo de un grupo musical de Ciego de Ávila, localidad  del centro de Cuba, que vi en concierto hace muchísimo tiempo, también en Barranquilla, y del que ni siquiera recuerdo su nombre, pero sí que no olvido su sabor contagioso y las emociones transmitidas a quienes disfrutamos de su música aquella noche lúdica de introspección. Es lo que tienen las expresiones artísticas, son fragancia de vida y estimulan a la vez el pensamiento crítico tan imperioso en una colectividad pusilánime y abatida. 

Me dijo el cantante santiaguero, “vea compa, en cualquier región de Cuba puede encontrar muy buenos grupos de música”. La historia y la actual oleada de jóvenes artistas con propuestas innovadoras demuestran que así es.

El bembé antillano de Madrid me sirvió para repasar directos que viví del pianista Chucho Valdés, de la banda Los Van Van, de Silvio Rodríguez y Pablo Milanés, años gloriosos de la nueva trova cubana, de la Orquesta Aragón, de la cantante Albita Rodríguez, y cómo no, de Celia Cruz, para distintos gustos y colores.

Me siento afortunado como espectador y como periodista porque recién egresado de la universidad trabajé en la producción de entrevistas y documentales televisivos que el Nobel Gabriel García Márquez nos puso a huevo invitando referentes de la cultura  planetaria al Festival Internacional de Cine de Cartagena de Indias. Por la ciudad heroica desfilaron en esa época el cineasta Julio García Espinosa, uno de los fundadores del Instituto Cubano del Arte y la Industria Cinematográfica (ICAIC), el legendario músico Israel López ‘Cachao’, el cantante Silvio Rodríguez o los actores Vladimir Cruz y Jorge Perugorría, protagonistas del film ‘Fresa y Chocolate’, ganador del Oso de Plata en Berlín (1994) y finalista al Oscar a la mejor producción de habla no inglesa, película autocrítica que conmocionó a la sociedad cubana sacando del armario la persecución a la homosexualidad en la Isla como un canto a la tolerancia bajo la creación narrativa de los directores Tomás Gutiérrez Alea ‘Titón’ y Juan Carlos Tabío, que tomó el relevo en la dirección debido a que el gran ‘Titón’ no pudo terminar el rodaje vencido por un cáncer que se llevó su vida.

Siendo muy joven, pude compartir de tú a tú con todos esos invitados en los pasillos, sala de prensa y jardines del Hotel Caribe, joya arquitectónica de Cartagena y centro de operaciones del Festival. Todavía conservo una de mis acreditaciones de prensa del soñador equipo de producción de televisión Grupo Taller Cine.

En la literatura cubana, el político, pensador, poeta y ensayista José Martí es un gurú histórico indiscutible que recomiendo a “políticos” que van de enterados y que como pensadores solo van pensando en su peculio personal y sin el mínimo interés en formarse. Una cátedra martiana estaría muy bien para ilustrar a incompetentes que ocupan o aspiran a ocupar cargos de responsabilidad en gobiernos de cualquier nivel.

De verdad que es un gustazo disfrutar de la cultura cubana o de cualquier país que por mediación del arte es capaz de romper barreras geográficas, políticas, sociales, creencias religiosas o de cualquier índole. No hace falta rezar a Yemayá o Changó, disfrutemos del aroma cultural; “ataque, Compay, ataque, de frente…”, como vocaliza una de las versiones de la mítica Chan Chan.

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