Opinión

Y el cerebro se fue de crucero

Y el cerebro se fue de crucero

Es verano del veintiuno, y Cerebro, cómo no, con sus dos hemisferios perfectamente conectados, el izquierdo y el derecho, aunque distintos pero no diametralmente opuestos, como sí dicen estarlo en ciertos reductos las ideologías, entre comillas, de izquierda y de derecha, decidió salir de crucero desde el puerto canario de Arrecife al gobierno de su incontestable capitán Mercado. 

¿Qué problema hay si todos necesitamos vacaciones?, y el que se las pueda permitir, pues toda una dicha. Y aunque Cerebro nunca descansa, en esta fábula el problema no es su descanso temporal, que tiene todo el derecho, sino su inactividad permanente o su esforzada incapacidad. 

El viaje de placer de este complejo ordenador capaz de controlarlo todo, con sus dos mitades, derecha e izquierda, transcurre aparentemente tranquilo, sin sobresaltos, ni meteorológicos ni mucho menos ideológicos. 

Los cruceristas que comparten embarcación no ven contrariedad alguna: una mitad posicionada a estribor, en la derecha, y la otra a babor, en la izquierda, siempre conectadas, porque al fin y al cabo se necesitan mutuamente, casi como las ideologías de ciertos reductos donde los acuerdos de intereses profanan el ideario, aunque por ratitos toque echarse al centro. 

Pasaron días de travesía, de atraques y excursiones en tierra, y por fin, algo de emoción, ¡crisis existencial!, ¿Qué mitad es más lista?, que yo, que tú no, discusión en pleno crucero, no en el Pleno del crucero. 

Ninguna es más lista o peor que la otra, simplemente son complementarias en la división del trabajo.

La izquierda defiende su capacidad de controlar el habla y actividades como el análisis o el razonamiento lógico, entre otras; la derecha sin embargo saca pecho por sus habilidades motoras y control sobre  aspectos no verbales de la comunicación como la intuición o el reconocimiento y recuerdo de caras, voces y melodías. 

Discusión cerrada y consenso: ninguna es más lista o peor que la otra, simplemente son complementarias en la división del trabajo. Ambas se declaran inteligentes, como las ideologías de ciertos reductos, y firman la paz de connivencia. 

El capitán Mercado por razones del mercado ordena atraque y desembarco en el puerto canario de Playa Blanca, y polémica, se monta la de dios. Preguntan incrédulos los cruceristas si el trastorno de Cerebro es producto de un nuevo conflicto entre sus mitades. Noooo, voz unánime de las aludidas, que sin saber razonar o dar explicaciones verbales y no verbales gesticulan su rechazo a la orden del capitán Mercado. El berrinche es por querer desembarcar sí o sí en el puerto de salida, aunque ambos muelles están localizados en la misma isla y a pocos kilómetros de distancia.  

¡Pero cómo, señoras ideologías ambidextras!, exclama Sentido Común, un señor que mientras se dispone a bajar espeta: si ustedes comparten teorías neoliberales que defienden el mando absoluto del mercado, la libertad económica, las  sinergias, la oferta complementaria o la libre competencia por encima de todo y de todos, entonces no entiendo nada. 

Cerebro, con sus dos mitades perfectamente conectadas, la izquierda y la derecha, calla, prefiere no desembarcar y emprender un viaje fantasioso a la deriva juntándose en contubernio con las altivas Obtusa, Ignorancia, Mezquindad e Incoherencia, felices los cinco. 

Y el cerebro se fue de crucero
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