Sobre cómo Alberto perdió el rumbo..., o no.

Congreso de los Diputados
Quién lo ha visto y quién lo ve, Alberto Rodríguez, Diputado en el Congreso hace unos años, y una de las figuras más reconocibles de la nueva izquierda española como dirigente destacado de Podemos. Defendía un discurso basado en la igualdad de derechos, la solidaridad entre territorios y una crítica frontal a las dinámicas económicas que generan desigualdad y exclusión. Y tal cómo mandaba el liderísimo Pablo Iglesias, entendía los problemas sociales fundamentalmente como consecuencia de relaciones económicas injustas y de estructuras de poder concentradas. Pero se ve que Alberto también es seguidor del gran Marx -Groucho, no Carlos- y se aplica en esa cita atribuida al genial cómico: "estos son mis principios, y si no le gustan, tengo otros". Y es que la evolución reciente de Drago Canarias con Alberto a la cabeza no son meras variaciones regionales, son 180 grados de viraje, en un cambio de rumbo que merece ser analizado. 

Empezaron hace cosa de un mes con lo de la prioridad nacional canaria en un programa de Prime Time, como si copiar el  lema de Vox no fuera poco peligroso. Lejos de matizar o rectificar lo reforzaron en un mitin varios días después. Y esta semana han vuelto con las mismas con lo de la residencia y una historia nueva que incluye tres meses de permanencia máxima para turistas y otros foráneos, en una especie de visado al estilo EEUU. Sin duda, sus postulados suponen una ruptura total con los marcos políticos que Alberto Rodríguez defendió durante años. Y no se trata simplemente de una cuestión terminológica. Las palabras importan, y mucho, sobre todo en los líderes mediáticos, porque dan forma al imaginario colectivo. Así las cosas, la expresión "prioridad nacional" no es una hoja en blanco sobre la que cada organización o CCAA pueda escribir lo que le dé la gana. Es un concepto profundamente asociado al discurso excluyente promovido por la extrema derecha europea y española, y como tal así le llega a todo el que lo escucha, por muchos matices que quieran hacer sobre "a los rubios europeos sí, a los currantes de países pobres no". Una prueba de que el mensaje de Drago está llegando bien a la población más conservadora es que lo están compartiendo con buenos comentarios diversos influences canarios de ultraderecha, que no voy a nombrar para no publicitarlos. 

Y no. No está bien. No van bien Alberto y su grupo por este camino. Aunque la mayoría podemos compartir el diagnóstico -ciegos estaríamos para no hacerlo-, pero no así las soluciones ni el objeto que sitúan en el centro como problema a atacar. Porque según Drago Canarias, el problema es el exceso de personas para una capacidad de carga sobrepasada. Esto es, Alberto sitúa a las personas y su procedencia en el centro del debate público. Y el problema de ir por aquí es que resulta muy difícil, una vez abierto este debate, ponerte luego a seleccionar qué extranjero sí y qué extranjero no, y al final caen y pagan todos. Otra opción, que también puede ser, es que en Drago estén al tanto de todo esto pero igualmente tiran para adelante porque entienden que les va a reportar muchos votos, viendo las pulsiones reaccionarias y xenófobas que abundan por estas latitudes, lo que corroboran los varios miles de "me gusta" que acumulan en su último vídeo. Aunque ya les digo yo que cuando haya que votar, la mayoría de estos van a preferir la prioridad nacional original a una marca blanca versión canaria. 

En este punto muchos de ustedes se estarán preguntando cuál es el enfoque correcto para un diagnóstico compartido. Es sencillo: Drago desplaza la atención hacia las consecuencias y los actores secundarios, algo muy cómodo, pero equivocado. Tanto es así que hasta los ultraconservadores de Coalición Canaria están diciendo lo mismo que Drago, planteando soluciones parecidas. Se olvidan Alberto y los suyos de atacar a las causas estructurales que generan los problemas, el capitalismo salvaje y el colonialismo extractivo. Y es ahí donde hay que apuntar, a las políticas que nos han traído hasta aquí, no a las personas. Porque, que yo sepa: la gente viene porque puede venir, porque hay un sistema económico que lo demanda. Y si quieren apuntar a personas, apunten en todo caso a una clase política corrupta y servil y a los que dirigen la maquinaria económica y la especulativa, pues estos son los verdaderos culpables. Pero claro, desde el instante en el que Drago adopte esta estrategia de lucha claramente anticapitalista, anticolonialista y antisistema, pasará directamente a sufrir el ostracismo y la censura de los medios, los mismos que ahora simpáticos le ponen el micrófono. Sin foco mediático, las únicas vías que les quedarían serían la calle, la gente y la búsqueda de unidades mayores en la lucha. Y para esto hay que trabajar mucho.   

Y bueno, creo que no es muy difícil de entender. El verdadero problema de Canarias no es la existencia de personas que llegan a las islas, es un modelo económico diseñado para beneficiar intereses externos que demandan más y más gente mientras se deterioran las condiciones de vida de la población residente. Dicho de otra manera: si no hay vivienda es porque políticos y empresarios la han convertido en un activo financiero; si sufrimos salarios bajos es porque políticos y empresarios han basado nuestro modelo productivo en actividades de escaso valor añadido; si nos estamos quedando sin territorio no cementado, sin recursos y sin playas limpias es porque políticos y empresarios se mantienen en la idea de que las islas lo aguantan todo; y si dependemos tanto del exterior es porque seguimos siendo una colonia donde se ha consolidado una economía subordinada a centros de decisión situados fuera del Archipiélago, para capitales de fuera del Archipiélago.

La cuestión por tanto no es quién llega, es quién decide. Porque el problema no son las personas ni las nacionalidades, es la dependencia económica. Por eso, frente a la idea de una "prioridad nacional canaria" al estilo Drago, Coalición Canaria, Nueva Canarias, Primero Canaria o su original de Vox, algunos defendemos otro paradigma: la Protección Canaria. Así, hablamos de proteger el acceso a la vivienda, el territorio frente a la especulación, la capacidad productiva local, los recursos naturales, la soberanía alimentaria, la energética y la económica, y el derecho de las futuras generaciones a seguir construyendo su vida en Canarias. Pero para proteger todo eso no sirve de nada ir contra personas que no deciden, para que todo siga  funcionando igual. 

En conclusión, la disyuntiva no es elegir entre canarios y extranjeros, es decidir si seguimos apostando por el capitalismo salvaje y el colonialismo de siempre o probamos otra cosa. Pero claro, para optar por otra cosa lo primero es convencerte de que hay vida más allá de este sistema autodestructivo. En esas, parece que algunos como Drago han dejado de creer, y visto lo visto es posible que hasta lleven razón.