Ni hoy es viernes, ni esto es la leche. In memoriam: Jesús Lasso

Jesús Lasso
Jesús Lasso

El 9 de septiembre de 1986 llegué a la isla. Acababa de nacer Radio Insular, emisora institucional del Cabildo, y Agustín Acosta entendió necesario reforzar la programación de Radio Lanzarote para hacer frente a la incipiente competencia. Y, por esas carambolas de la vida, fui elegido para ello. Así que aterricé procedente de Barcelona con un contrato de seis meses y la ilusión y la inconsciencia de un veinteañero.

Aquí me encontré con un grupo de personas con las que me integré en una radio, se diría, artesanal. Hecha con los medios de la época, que eran más bien escasos, y con un mantenimiento manifiestamente mejorable.

Entre el animoso grupo que hacía posible el funcionamiento de Radio Lanzarote recuerdo hoy, además de Agustín, naturalmente, y entre otros, a Francisco José Navarro, Teri Afonso, Emilio Hernández, Ramón García (Martino), Cristóbal Olivero… y Jesús Lasso Cabrera. Suso Lasso.

Desde un principio hubo una buena conexión con Suso. En unos tiempos en los que todos hacíamos de todo, y llevado por la inconsciencia a la que aludí con anterioridad, osé asistirle en las retransmisiones deportivas, apoyándole en los banquillos o en la banda. Y en una de esas descubrí, en un memorable directo, que lo que yo consideré “gel mágico” que llevaban los jugadores de balonmano del Torrelavega en sus playeras era, en realidad, resina para que el balón se adhiriera mejor a sus manos.

La buena sintonía profesional hizo que me confiara la producción técnica de la fase de ascenso del Vifirehati de balonmano femenino —creo recordar que en Vitoria—. Allá él, en los estudios, yo. El tsunami de la juventud hizo que trajéramos a Lanzarote a Gaspar Rosetty, estrella de las retransmisiones deportivas de la época y brazo derecho de José María García, y que, tras una noche larga —de las varias que conocimos—, acabáramos de amanecida con el periodista asturiano alucinando en torno a unas garbanzas en el Tin Tan.

La complicidad fue tanta, en fin, que hasta ideamos un programa radiofónico que cosechó notable éxito y al que llamamos “Si hoy es viernes, esto es la leche”. Consistía, básicamente, en recibir llamadas, conversar y pasárnoslo bien, mientras repartíamos premios a los oyentes. Los principales, cartones de leche de nuestro patrocinador oficial. Otros, lo que cayera y a quien le cayera. Como aquella vez que a Daniela —creo recordar—, una joven ciega, le cayó en suerte un libro. Sus carcajadas, aún hoy, las recuerdo y las ubico en el lugar donde se almacena el sentido del humor del ser humano.

Suso Lasso ayudó a integrar a aquel pibito catalán y le enseñó cómo se ha de hacer para sentirse conejero. Y los seis meses han acabado convirtiéndose en 40 años.

Hoy, a última hora de la tarde, su sobrino Daniel me ha dado la noticia: Jesús —Suso— Lasso ha fallecido de modo inesperado. He sentido como si me arrancaran un importante trozo de mi vida.

Ya nos veíamos esporádicamente. Cada cual hizo su vida. Aun así, las veces que nos hemos ido encontrando ha sido indisimulado el afecto que nos profesábamos.

No, ni este triste miércoles es viernes, ni esto es la leche. Es más bien un trago amargo.

A su mujer, Elena; a su hija, Saray; y a todos los que se han sentido queridos por ese pedazo de pan llamado Suso, mi más sentido pésame.

 

Comentarios