El Hospital Insular no se toca: menos boberías y más respeto
El Hospital Insular de Lanzarote no es un edificio cualquiera ni una ficha más en el tablero político. Es historia viva de esta isla, es atención sanitaria especializada y es dignidad para cientos de mayores y sus familias. Y conviene decirlo claro, sin rodeos: el Hospital Insular no se toca.
En los últimos meses, entre excusas técnicas, silencios presupuestarios y declaraciones ambiguas, se ha instalado un runrún peligroso: mover, vaciar, reconvertir o diluir el Hospital Insular sin un proyecto claro, sin inversión garantizada y sin consenso social. Y eso, en Lanzarote, no es aceptable.
Quien gobierna tiene la obligación de explicar con claridad qué piensa hacer con este centro. Porque cuando no hay partidas para rehabilitación, cuando no hay calendario y cuando solo se habla de “alternativas futuras”, lo que se genera no es tranquilidad, es desconfianza.
El Hospital Insular cumple una función sociosanitaria esencial, especialmente en geriatría. Aquí no hablamos de ladrillos, hablamos de personas. De mayores que necesitan estabilidad, continuidad asistencial y cuidados especializados, no experimentos ni ocurrencias.
Resulta especialmente grave que mientras se anuncian proyectos y obras de escaparate, no exista una inversión clara y firme para el Hospital Insular. Cuando algo es prioritario, se refleja en los presupuestos. Lo demás son palabras.
Lanzarote ya ha alzado la voz. Colectivos sociales, profesionales y fuerzas políticas han sido claros: el hospital debe blindarse, mantenerse operativo y rehabilitarse, no desmantelarse por la puerta de atrás.
No vale decir que no se va a cerrar mientras se deja morir el centro por inanición presupuestaria. No vale negar alarmismo mientras se generan dudas. Con el Hospital Insular no se juega.
Es momento de decirlo alto y claro: el Hospital Insular se defiende, se invierte y se respeta. Todo lo demás sobra.