La velocidad de las prioridades
06 de junio de 2026 (09:54 h.)
La política tiene una costumbre muy curiosa.
Nos repite constantemente que todo lleva tiempo. Que los procedimientos son lentos. Que faltan informes. Que las administraciones tienen sus ritmos. Que determinadas actuaciones requieren paciencia.
Hasta que un día descubrimos que no.
Que cuando existe interés político, voluntad administrativa y una prioridad clara, las cosas pueden avanzar a una velocidad sorprendente.
Y entonces uno empieza a preguntarse si el problema era realmente el tiempo o simplemente las prioridades.
La reciente modificación urbanística para permitir la construcción de casi 300 viviendas privadas en Los Geranios vuelve a demostrarlo.
Lanzarote necesita viviendas. Muchas viviendas.
La crisis habitacional es una realidad que golpea a jóvenes, familias trabajadoras y personas que, aun teniendo empleo, son incapaces de acceder a una vivienda digna.
Construir viviendas no es el problema. El problema es comprobar cómo determinadas actuaciones encuentran siempre una vía rápida mientras otras permanecen atrapadas durante años en una especie de limbo administrativo.
Coalición Canaria y Partido Popular llevan meses hablándonos de vivienda. El problema es que una cosa es hablar de vivienda y otra muy distinta hacer política de vivienda.
Porque cuando llega el momento de decidir dónde se pone la energía institucional, dónde se aceleran los trámites y dónde aparecen las soluciones, las prioridades reales terminan quedando al descubierto.
Cuando hablamos de vivienda protegida aparecen los informes, las competencias, las mesas técnicas y las reuniones. Cuando hablamos de determinadas promociones privadas, la burocracia descubre de repente que también sabe correr.
Mientras tanto, miles de familias siguen esperando.
Y aquí conviene hacer memoria.
Las viviendas públicas que hoy vemos construirse en Lanzarote no nacieron por generación espontánea. Buena parte de esas promociones tienen su origen en el trabajo desarrollado durante la etapa del Pacto de las Flores.
Fue entonces cuando se recuperó una política pública de vivienda que llevaba demasiado tiempo abandonada. Se impulsaron proyectos, financiación y promociones que hoy empiezan a materializarse en la isla.
Porque no nos engañemos.
Cuando hablamos de casi 300 viviendas privadas, alguien va a ganar dinero. Los propietarios del suelo, los promotores, las constructoras y los inversores.
Y no hay absolutamente nada ilegal en ello.
La cuestión es preguntarse por qué existe tanta capacidad para agilizar aquello que genera rentabilidad privada y tan poca determinación cuando hablamos de garantizar derechos básicos.
Porque mientras algunos harán negocio legítimamente, otros seguirán esperando una vivienda pública, un alquiler asequible o la oportunidad de emanciparse.
Y Argana Alta seguirá esperando un centro de salud.
Ese proyecto que siempre parece estar cerca, pero nunca termina de llegar.
Argana Alta no necesita más anuncios. Necesita consultas. Necesita profesionales. Necesita una infraestructura sanitaria acorde con la realidad de uno de los barrios más poblados de Arrecife.
Lo verdaderamente llamativo no es que se construyan casi 300 viviendas privadas.
Lo verdaderamente llamativo es que para eso sí aparezca la urgencia política que desaparece misteriosamente cuando hablamos de vivienda protegida, alquiler asequible o del centro de salud de Argana Alta.
Debe de ser una coincidencia.
Una de esas coincidencias que siempre terminan beneficiando a los mismos y haciendo esperar a los de siempre.
Nos repite constantemente que todo lleva tiempo. Que los procedimientos son lentos. Que faltan informes. Que las administraciones tienen sus ritmos. Que determinadas actuaciones requieren paciencia.
Hasta que un día descubrimos que no.
Que cuando existe interés político, voluntad administrativa y una prioridad clara, las cosas pueden avanzar a una velocidad sorprendente.
Y entonces uno empieza a preguntarse si el problema era realmente el tiempo o simplemente las prioridades.
La reciente modificación urbanística para permitir la construcción de casi 300 viviendas privadas en Los Geranios vuelve a demostrarlo.
Lanzarote necesita viviendas. Muchas viviendas.
La crisis habitacional es una realidad que golpea a jóvenes, familias trabajadoras y personas que, aun teniendo empleo, son incapaces de acceder a una vivienda digna.
Construir viviendas no es el problema. El problema es comprobar cómo determinadas actuaciones encuentran siempre una vía rápida mientras otras permanecen atrapadas durante años en una especie de limbo administrativo.
Coalición Canaria y Partido Popular llevan meses hablándonos de vivienda. El problema es que una cosa es hablar de vivienda y otra muy distinta hacer política de vivienda.
Porque cuando llega el momento de decidir dónde se pone la energía institucional, dónde se aceleran los trámites y dónde aparecen las soluciones, las prioridades reales terminan quedando al descubierto.
Cuando hablamos de vivienda protegida aparecen los informes, las competencias, las mesas técnicas y las reuniones. Cuando hablamos de determinadas promociones privadas, la burocracia descubre de repente que también sabe correr.
Mientras tanto, miles de familias siguen esperando.
Y aquí conviene hacer memoria.
Las viviendas públicas que hoy vemos construirse en Lanzarote no nacieron por generación espontánea. Buena parte de esas promociones tienen su origen en el trabajo desarrollado durante la etapa del Pacto de las Flores.
Fue entonces cuando se recuperó una política pública de vivienda que llevaba demasiado tiempo abandonada. Se impulsaron proyectos, financiación y promociones que hoy empiezan a materializarse en la isla.
Porque no nos engañemos.
Cuando hablamos de casi 300 viviendas privadas, alguien va a ganar dinero. Los propietarios del suelo, los promotores, las constructoras y los inversores.
Y no hay absolutamente nada ilegal en ello.
La cuestión es preguntarse por qué existe tanta capacidad para agilizar aquello que genera rentabilidad privada y tan poca determinación cuando hablamos de garantizar derechos básicos.
Porque mientras algunos harán negocio legítimamente, otros seguirán esperando una vivienda pública, un alquiler asequible o la oportunidad de emanciparse.
Y Argana Alta seguirá esperando un centro de salud.
Ese proyecto que siempre parece estar cerca, pero nunca termina de llegar.
Argana Alta no necesita más anuncios. Necesita consultas. Necesita profesionales. Necesita una infraestructura sanitaria acorde con la realidad de uno de los barrios más poblados de Arrecife.
Lo verdaderamente llamativo no es que se construyan casi 300 viviendas privadas.
Lo verdaderamente llamativo es que para eso sí aparezca la urgencia política que desaparece misteriosamente cuando hablamos de vivienda protegida, alquiler asequible o del centro de salud de Argana Alta.
Debe de ser una coincidencia.
Una de esas coincidencias que siempre terminan beneficiando a los mismos y haciendo esperar a los de siempre.