Opinión

Infraestructuras y población

Foto: Archivo
Infraestructuras y población

Un sector creciente de la sociedad canaria, con una importante influencia y presencia en los medios de información, está frontalmente en contra de las pequeñas, medianas o grandes infraestructuras que dañan la imagen de nuestro diverso y rico paisaje al consumir suelo. Con una notable capacidad de movilización, con sus a veces atrevidas e intrépidas acciones ese sector condiciona las decisiones del conjunto de las Administraciones Públicas en proyectos impulsados por las propias administraciones o aquellos otros que, impulsados por la iniciativa privada, requieren de la aprobación de gobiernos, cabildos o ayuntamientos.

La judicialización de las decisiones que toman los Gobiernos de España y Canarias, cabildos y ayuntamientos, se ha consolidado como la mejor vía para frenar, ralentizar o paralizar proyectos que no comparten. Amén, están es su derecho. 

Este grupo social, de opinión está muy bien organizado y se deja oír con mucha fuerza frente al silencio resignado de la mayoría de la ciudadanía.

Están en contra de la construcción o ampliación de puertos y de aeropuertos, una posición respetable con la que se puede o no estar de acuerdo. También se puede compartir o no su firme oposición a la construcción de más carreteras consumidoras de suelo y que deterioran la calidad del paisaje. Igualmente, se puede compartir o no su posicionamiento contrario a la construcción de nuevas infraestructuras eléctricas, plantas de gas, incineradoras, plantas de residuos, parques eólicos, plantas fotovoltaicas, tranvías o trenes.  Es loable el compromiso que han asumido altruistamente de luchar por unas Islas sostenibles, lo que implica el respeto al principal tesoro que tenemos los canarios: la naturaleza.

Lo que llama poderosamente la atención es el posicionamiento de una buena parte de este sector de nuestra sociedad respecto al crecimiento de la población en las Islas y a la llegada de foráneos, tachando de racistas, patrioteros o xenófobos a aquellos que defienden que Canarias ha llegado al límite de su capacidad de acogida y que hay que regular la llegada de gente a Canarias.

Más gente en Canarias es sinónimo de más puertos y aeropuertos, de más carreteras, tranvías y trenes. Por supuesto, al ritmo de crecimiento actual que tiene la población las Islas necesitarán más infraestructuras eléctricas, más plantas de residuos, gas, fotovoltaica o eólica. Asimismo, más gente implica más consumo del territorio, más coches y pérdida de la calidad de las aguas de nuestro mar y de nuestro cielo. En definitiva, el ritmo de crecimiento que tiene actualmente la población en las Islas nos conduce a una pérdida de la calidad de vida que disfrutamos y, a la larga, a deteriorar la marca de destino turístico que tiene Canarias.

Las previsiones que hace el Instituto Nacional de Estadística para dentro de quince años deben encender todas las alarmas, 360.000 habitantes más nos coloca con una población de 2.600.000 habitantes. Superaremos en alrededor de 400.000 habitantes a nuestro territorio de referencia, que es Euskadi. Hace apenas veinticinco años Canarias tenía 1.600.000 habitantes y Euskadi 2.000.000. Con estos datos en el 2037 los canarios seremos mucho más pobres y los vascos mucho más ricos. Con frecuencia se recurre al tópico de la calidad de los servicios, infraestructuras y salarios de los que gozan los vascos; su PIB duplica al de las Islas y, por lo tanto, su renta per cápita y su poder adquisitivo dobla al canario. Ellos están creciendo bien, en Canarias debemos sentar las bases de un crecimiento inteligente, responsable y sostenible. 

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