Unas 5.000 personas salen a la calle en Lanzarote contra el cierre del Hospital Insular
En la mañana de este sábado, unas 5.000 personas salieron a la calle en Arrecife para reclamar garantías sobre el futuro del Hospital Insular y exigir que las obras previstas en sus instalaciones no se conviertan en la antesala de su cierre definitivo.
La manifestación, respaldada por numerosos colectivos ciudadanos, organizaciones políticas, profesionales sanitarios y vecinos de distintos puntos de la isla, recorrió el trayecto entre el Parque Islas Canarias y el Hospital Insular en una movilización marcada por la defensa de uno de los centros sanitarios con mayor arraigo social de Lanzarote.
La marcha estuvo encabezada por quienes centran precisamente el debate sobre el futuro del hospital: las personas mayores, muchas de ellas portando pancartas con mensajes como «El Hospital Insular necesita garantía de reforma, no un cierre». Tras ellas, una marea blanca ocupó la avenida marítima y las calles del centro de la capital lanzaroteña, con familiares, trabajadores del centro, representantes de asociaciones y ciudadanos que quisieron sumarse a una reivindicación que ha ido creciendo durante las últimas semanas.
A lo largo del recorrido se repitieron consignas y carteles que resumían el sentir de los convocantes. «No es amor al edificio, es respeto a nuestros mayores», «75 años de historia» o «El Hospital Insular es geriatría, no al cierre» podían leerse entre una multitud que convirtió la defensa del centro en una de las mayores movilizaciones ciudadanas registradas en la isla en los últimos tiempos.

El origen de la preocupación
La protesta tiene su origen en el anuncio del próximo traslado de internos y trabajadores del Hospital Insular a un edificio contiguo al Hospital Doctor José Molina Orosa. Una decisión adoptada ante la necesidad de acometer obras de rehabilitación y modernización en unas instalaciones que, tras décadas de funcionamiento, presentan importantes carencias y han quedado desfasadas para las exigencias actuales de un centro sanitario de estas características.
La necesidad de reformar el edificio no genera discusión entre los distintos sectores implicados. Sin embargo, el anuncio del traslado abrió un debate sobre qué ocurrirá una vez concluyan las obras.
El temor de trabajadores, usuarios y colectivos ciudadanos es que la reubicación temporal termine convirtiéndose en definitiva y que el Hospital Insular deje de funcionar como centro geriátrico de referencia para Lanzarote. Una preocupación que se ha visto reforzada por la ausencia de un proyecto concreto de rehabilitación, de un calendario conocido para su ejecución o de un compromiso público que garantice el regreso de la actividad al edificio una vez finalicen los trabajos.
Precisamente esa incertidumbre ha sido el principal argumento de quienes han impulsado las movilizaciones de las últimas semanas.
Un referente en geriatría
Entre las primeras voces que alertaron sobre esta situación estuvieron los propios trabajadores del centro. Profesionales que durante años han desarrollado su labor en el Hospital Insular y que reivindican el papel desempeñado por sus equipos en el desarrollo de la geriatría en Canarias.
«Gracias al Hospital Insular y a su servicio de geriatría hemos sido un referente en muchos lugares», señalaban recientemente algunos de sus trabajadores, que recuerdan además el esfuerzo realizado durante décadas para especializar y mejorar la atención a las personas mayores.
«Nos formábamos continuamente, asistíamos a cursos y nos desplazábamos de isla en isla para seguir aprendiendo y mejorar nuestra atención a los mayores», explican profesionales vinculados al centro.
Esa trayectoria es uno de los argumentos que esgrimen quienes defienden la continuidad del Hospital Insular una vez rehabilitado. A su juicio, el debate no se limita a la conservación de un edificio, sino al mantenimiento de un modelo asistencial construido durante décadas alrededor de la atención especializada a las personas mayores.

El vínculo con generaciones de lanzaroteños
Por las instalaciones del Hospital Insular han pasado miles de mayores de la isla. Una circunstancia que ayuda a explicar la amplia respuesta social registrada este sábado.Muchas familias mantienen algún tipo de vínculo con el centro, ya sea a través de familiares atendidos en sus instalaciones o de profesionales que han desarrollado allí gran parte de su trayectoria laboral.
«Llevo 39 años trabajando aquí. Empecé muy jovencita y tenía claro que lo que me gustaba era la geriatría», relataba recientemente una trabajadora sanitaria que defiende la continuidad del hospital tras su rehabilitación.
La profesional recuerda que, incluso cuando el centro era conocido popularmente como "el hospital viejo", existía un equipo comprometido con el desarrollo de la geriatría en Lanzarote. «Desde aquellos años había personas trabajando para impulsar y mejorar la geriatría y gracias a ese esfuerzo este hospital llegó a convertirse en uno de los mejores de Canarias», sostiene.
Las dudas sobre el proyecto de regreso
Las inquietudes expresadas por trabajadores y usuarios también han sido compartidas por quien dirigió el Hospital Insular durante cuatro décadas, Domingo de Guzmán Pérez.
En declaraciones realizadas recientemente en Biosfera Televisión, el exdirector defendió la posibilidad de compatibilizar las obras con la continuidad del proyecto asistencial y cuestionó la idea de que la reforma deba desembocar necesariamente en el abandono definitivo del centro.
«Se puede trabajar, no tenemos que perder la calidad ni el trabajo asistencial mientras se hacen obras en una parte del hospital. Esto es así en todos los hospitales del mundo: se hacen obras continuamente y eso no quiere decir que se abandone la actividad en el centro. ¿Por qué tiene que desaparecer el Hospital Insular?», se preguntaba.
Domingo de Guzmán Pérez también puso el foco sobre lo que considera el principal problema del proceso actual: la falta de un proyecto definido para el regreso. «Hay un proyecto de traslado, pero luego no hay un proyecto de vuelta, no hay un proyecto de reforma, no hay un presupuesto para esa reforma, y eso da a entender que es un camino sin retorno», advertía.

Una petición compartida
La manifestación concluyó ante el Hospital Insular, donde los participantes volvieron a insistir en una demanda que ha estado presente durante toda la movilización: que la necesaria rehabilitación del edificio vaya acompañada de compromisos concretos que garanticen la continuidad de la actividad geriátrica en el centro.
Más allá del debate sobre el modelo asistencial o la futura ubicación del servicio, la protesta evidenció la dimensión social que ha adquirido esta cuestión en Lanzarote. Una preocupación que este sábado reunió a miles de personas en las calles de Arrecife y que, a juzgar por la respuesta ciudadana, está lejos de darse por cerrada.
