Sami Naïr: “el drama de los refugiados es la mayor catástrofe después de la II Guerra Mundial”

El especialista en migraciones y codesarrollo razonó cómo Europa ha llegado a este punto de “insolidaridad” y la factura que le está pasando, ya que en estos momentos el proyecto europeo se encuentra “dañado casi de manera irrecuperable”.

La Fundación César Manrique inauguró su actividad cultural de 2017, en el marco de los 25 años de la celebración de su nacimiento, hablando sobre la crisis de los refugiados. En palabras de su director, Fernando Gómez Aguilera, “un asunto que se podría catalogar como barbarie civilizada”.

Sami Naïr, considerado uno de los grandes especialistas europeos en migraciones, codesarrollo y política mediterránea, ofreció la conferencia titulada ‘Refugiados: Frente a la catástrofe humanitaria, una solución real’. Comenzó afirmando que “nos encontramos frente a la mayor catástrofe después de la II Guerra Mundial y, al mismo tiempo, estamos frente a la impotencia y el fracaso del proyecto europeo, elaborado con tantas dificultades en estos últimos 30 años”.
 
En este sentido, Naïr comentó que “con esta crisis de los refugiados una parte del alma de los europeos ha desaparecido. La crisis ha puesto en evidencia la contradicción insoportable entre el afianzamiento de los valores de la Unión Europea, con su proyecto humanista, y su porvenir, dañado casi de manera irrecuperable. Hay un antes y un después de 2015”.
 
Naïr razonó cómo Europa ha llegado a este punto de “insolidaridad”, auspiciado por el auge de movimientos xenófobos, racistas y excluyentes. Para entenderlo, el sociólogo explicó la diferencia entre refugiados e inmigrantes. Siendo los primeros, jurídicamente hablando, personas que se encuentran en peligro de muerte por razones de raza, convicciones intelectuales o por sufrir la discriminación despiadada de los poderes despóticos.
 
A este respecto, Naïr indicó que la Convención de Ginebra de 1951 fue hecha expresamente para otorgar al ser humano, que se encuentra en la situación anteriormente descrita, su protección. Sin embargo, sólo es a raíz del acontecimiento de Aylan Kurdi, el niño que apareció muerto en una playa de Turquía cuando Alemania, con Angela Merkel a la cabeza, reacciona de “manera humana”. La mandataria alemana actuó “como una gran jefa de estado, con una visión de largo alcance y pronunció la siguiente frase: si frente a esta catástrofe mi país no ayuda a las víctimas, entonces para mí no es un país”. 
 
En este contexto, Merkel prometió acoger a un millón de refugiados, pero el resto de países europeos, excepto Grecia e Italia, se movilizaron en contra de esta decisión. Dos meses después, Merkel tuvo que dar marcha atrás y acabó imponiendo a Turquía un pacto, a través de un ‘golpe de Estado semántico’ transforma a los refugiados en inmigrantes ilegales, a quienes ya no hay obligación jurídica de ayudar, sólo moral. De los tres millones de refugiados que llamaban a la puerta de Europa, la Unión Europea acordó acoger a 160.000 en un plazo de dos años, tras los cuales ha acogido sólo a 13.000. El resto “vaga ilegalmente” por Grecia e Italia.
 
Las consecuencias de esta situación son “dramáticas, muy difíciles de solucionar”. Por un lado, el fin de las renacionalización de las políticas europeas, es decir, se acabaron las políticas europeas comunes. Por otro lado, Francia ha propuesto la Europa de las dos velocidades, esto significa el fin del proyecto europeo, que Gran Bretaña ya ha firmado con el Brexit. “Hemos entrado en un proceso desestabilización del proyecto común europeo, todo lo puesto en marcha desde 1992 está ahora en crisis”.
 
Ante esta “grave crisis” Naïr propone tres soluciones. La primera es la creación de un visado humanitario de tránsito legal para los refugiados. “Debería ser obligado que cuándo estas personas demuestren su condición de refugiados los países europeos las acojan y puedan entrar y circular libremente por el territorio y buscar su suerte”.
 
Por otro lado, la situación para los inmigrantes económicos indocumentados está empeorando cada vez más, se está endureciendo. Por lo que Naïr propone “lanzar políticas de ayuda a los países fronterizos para estabilizar sus sociedades, además de aumentar el número de visados legales”. Europa tiene una población de 550 millones y se trata sólo de cinco millones de personas.
 
Por último, Naïr explicó que ante el momento de crisis de la globalización liberal que padecemos, ya que “la circulación de capitales continúa, pero es cada vez más insegura”. Si no fuera por China, señaló, este sistema habría desaparecido en 2008 con la crisis económica. Su consecuencia es la renacionalización, los países se han volcado en su mercado interior. La única solución de futuro para las migraciones es “invertir en estos países para crear oportunidades económicas que hagan que la gente pueda quedarse en su país, además del derecho a la libre circulación”.

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