SEMBLANZA

25 años sin Manrique y tan vivo como siempre

Su Fundación se autofinancia, es económicamente independiente y es gestionada por las personas que el propio César escogió en vida.
25 años sin Manrique y tan vivo como siempre

Este lunes se cumplen 25 años de la muerte de César Manrique y la pregunta es inevitable: ¿Todavía se le recuerda? ¿Están vigentes su obra y su pensamiento? Aunque las instituciones públicas, en general, no tienen presente al artista, la población sí, a pesar de que las nuevas generaciones no han tenido la fortuna de conocerlo y tratarlo personalmente. No obstante, algunos desearían que no fuera así y preferirían que Manrique fuera pasto de la indiferencia y el olvido; de esa forma, entronizando la mediocridad y reverenciando el caciquismo, algunos podrían intentar reescribir la historia a su antojo, desvestir a César de la vigencia actual de sus compromisos y proyectar una caricatura suya hacia al futuro.
 
Ha transcurrido un cuarto de siglo de su fallecimiento, pero Manrique sigue vivo porque hay decenas de miles de personas en Lanzarote que mantienen a resguardo sus enseñanzas y su compromiso en defensa de la arquitectura tradicional, el territorio, la naturaleza o el medio ambiente. Cada una de esas personas pone el acento en un aspecto de su carácter polifacético, pero no sólo en su vertiente comprometida que criticó y combatió la especulación urbanística, la masificación turística o la despersonalización de la isla. Esas personas todavía guardan en sus adentros al pintor y al escultor, así como sus propuestas de relación armónica entre el arte y la naturaleza o sus enseñanzas para desentrañar la belleza del paisaje donde antes sólo veíamos escoria.
 
La FCM defiende los mismos valores que el artista, y, por eso, es blanco de todo tipo de ataques
Junto a la huella imborrable que el Manrique dejó en tantísimas personas y que, en la práctica, son auténticos activistas de su obra y sus ideas, el artista cuenta con dos poderosos instrumentos que, de alguna manera, lo mantienen vivo. El primero es su obra pública en la isla, cuya presencia es tan imponente que no necesita discurso que la acompañe. Los Jameos, el Mirador, las Montañas del Fuego, el Jardín de Cactus, Museo de Arte Contemporáneo, el Monumento al Campesino, sus dos viviendas reconvertidas en museos… son espacios de asombro para centenares de miles de visitantes al año, y lugares de culto y emoción para los lanzaroteños. El segundo es la Fundación César Manrique (FCM), una institución cultural privada creada por él para conservar su obra y su pensamiento.
 
La FCM se autofinancia, es económicamente independiente y es gestionada por las personas que el propio Manrique escogió en vida. Seguramente aquí radica buena parte de la aversión que la economía especulativa y algunos sectores de la cultura sienten tanto hacia César, a pesar de que ya nada puede hacer por enderezar entuertos e impedir barbaridades, cuanto hacia la institución que mantiene vivo su legado. Porque ésta sí que se expresa para defender los mismos valores que su fundador, y, por eso, es blanco de todo tipo de ataques procedentes de quienes consideran que su existencia y, por ello, la vigencia de Manrique y su ideario, son obstáculos para sus intereses. Bien porque quisieran acometer alguna atrocidad urbanística sin contestación o supuestamente bendecida por el artista, bien porque quisieran suplantarlo y ocupar su lugar como monarcas absolutistas.
 
Miles de estudiantes se adhieren cada año a los programas que desarrolla el Departamento Pedagógico
La FCM fundamenta su actividad a través de tres áreas complementarias de trabajo: las artes plásticas, el medio ambiente y la reflexión cultural. El pensamiento crítico preside sus acciones, carece de ánimo de lucro y se autofinancia, básicamente, a través de dos vías: la línea de productos ‘César Manrique’ y las entradas a los dos museos de su propiedad. El primero se encuentra en su antigua casa de Tahíche y alberga la sede de la Fundación. El segundo es la Casa-Museo de Haría, su última residencia. Todas las actividades organizadas por la FCM son gratuitas.
 
La actual sede de la FCM fue construida por César a su regreso de Nueva York, a finales de los años sesenta del siglo pasado. Bajo su dirección, la casa se transformó en museo una vez trasladó su residencia al pueblo de Haría. En Taro de Tahíche dejó su colección personal de arte y su propia obra pictórica, quedando inaugurado el complejo actual en marzo de 1992. Seis meses más tarde, un 25 de septiembre, perdería la vida en un accidente de tráfico en el cruce cercano de la carretera general que discurre entre Arrecife y la Villa de Teguise. La Casa Museo de Haría es la residencia en la que vivió y trabajó el artista durante los últimos años de su vida, entre 1988 y su fallecimiento, y muestra su lado más íntimo y personal.
 
Miles de estudiantes de las Islas se adhieren cada año a algunos de los programas que desarrolla el Departamento Pedagógico de la FCM, que persiguen dar a conocer su obra a las nuevas generaciones. Así aprenden que César se sentía sobre todo pintor, pero que fue mucho más que un pintor puesto que extendió su lienzo al territorio.

El hombre que situó Lanzarote en el mundo

César Manrique nace en 1919 en Arrecife y en 1945 comienza sus estudios de Bellas Artes en Madrid, ciudad en la que desarrolla su carrera pictórica hasta que se traslada a Nueva York, en 1964. Dos años después regresa a Lanzarote para implicarse decisivamente en el proyecto de desarrollo que se impulsa durante aquellos años.
 
Su tierra natal tuvo una presencia decisiva en su vida y en su obra. Aquí realizó la mayoría de sus obras de arte público, que lo proyectarán internacionalmente a la vez que transformarán radicalmente la isla. Implantó un modelo de actuación que ha determinado decisivamente la configuración actual de Lanzarote.
 
Cultivador de diversos lenguajes artísticos, como la pintura, la escultura, el urbanismo o el arte público, en el conjunto de su producción creativa late una manifiesta voluntad de integración con el entorno natural. Este propósito, que César llamó ‘arte total’, se percibe con nitidez en sus diseños de espacios públicos y evidencia su pasión por la belleza y por la vida.

25 años sin Manrique y tan vivo como siempre
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