Paulino Rivero

¿Cuál es la estrategia ante el repunte migratorio?

20/9/2020
En la primera década de este siglo Canarias acaparó titulares en la prensa —nacional e internacional— por ser uno de los puntos calientes de llegada de inmigrantes a través del mar a sus costas. Especialmente intensos fueron los años 2006 y 2009, en los que las llegadas del continente africano superaban ampliamente nuestra limitada capacidad de acogida. Nadie tuvo entonces, ni tampoco ahora, una varita mágica que permita garantizar afrontar sin dificultades un asunto tan complejo y con tantas aristas como el de la inmigración, con tanta incidencia una parte del mundo dominada por el hambre, la pobreza y la miseria situada a las puertas de un área desarrollada y de bienestar próxima —Europa—.
 
El tránsito de migrantes que se está produciendo entre África y Europa a través de Canarias es -entre otros- un ejemplo mayúsculo. A lo largo de los casi veinte años que lleva activada la ruta canaria de inmigrantes procedentes de África, que buscan Europa como destino, hemos tenido tanto en Madrid como en las Islas gobiernos de distintos signos políticos. Gobiernos de todos los colores políticos en el ámbito estatal, archipielágico, insular o municipal han tenido que hacer frente —en la esfera de sus respectivas competencias— a la situación excepcional que se produce con la llegada de pateras o cayucos.
Cabe preguntarse si la metodología utilizada para atenuar el impacto en la llegada de inmigrantes a las Islas sigue vigente
 
En el transcurso de las últimas dos décadas se ha ido asentando una metodología en la lucha contra la inmigración que llega a través del mar, un proceder que hasta hace bien poco era compartido por las instituciones y la mayoría de las  fuerzas políticas, alejando de este fenómeno la lucha o disputas entre partidos políticos. Ante el nuevo repunte en la llegada de pateras y cayucos a Canarias, y de la alarma silenciosa que se está produciendo en buena parte de nuestra sociedad, cabe preguntarse si la metodología utilizada hasta hace unos años para atenuar el impacto en la llegada de inmigrantes a las Islas sigue vigente o si hay una alternativa a la misma. Si sigue vigente que se aplique; y si hay una nueva estrategia que se explique.
 
La metodología comúnmente aceptada contemplaba las siguientes acciones. En primer lugar, la contención en origen evitando muertes en el mar y estrechando el espacio a las mafias que trafican con las personas, línea de trabajo que pasa por el fortalecimiento de la actividad diplomática con los países originarios, el impulso a planes de cooperación y ayuda a los países en los que se genera el tráfico de personas y, además, medidas disuasorias que eviten la salida en origen de pateras o cayucos. Entre las medidas que han funcionado con buenos resultados están las patrullas mixtas formadas por miembros de los Cuerpos y Fuerzas de Seguridad españoles junto a las respectivas fuerzas de seguridad de Marruecos, Senegal y Mauritania, operando de forma conjunta en aguas territoriales de los países citados y también —en algunos casos– en tierra. Además, durante las crisis más agudas el FRONTEX desplegaba medios marítimos y aéreos, que reforzaba y complementaba el trabajo de las patrullas mixtas.
La inmigración debe seguir estando ajena a las disputas políticas
 
Como segunda línea de trabajo y gestión del fenómeno migratorio, se avanzó significativamente en la ayuda y auxilio en el mar a los que —superada la mediana– se jugaban la vida en una patera o un cayuco. En esta acción participaron principalmente los Cuerpos y Fuerzas de Seguridad de España, la Cruz Roja y otras ONGs humanitarias. Sumemos, como tercer eslabón de la estrategia, la recepción y acogida en tierra. Una vez atendidos a pie de playa, los inmigrantes que necesitaban asistencia médica eran derivados a los centros sanitarios, mientras el resto eran acogidos en los CIE (centros de internamiento para extranjeros) o, en su caso, en cuarteles militares habilitados al efecto. Añadamos —completando la citada estrategia— que con la actual Ley de Extranjería superados los cuarenta días los inmigrantes eran derivados a la Península, para que continuaran tras el objetivo perseguido de llegar a Europa, o repatriados a sus países de origen.
 
La inmigración debe seguir estando ajena a las disputas políticas. En Canarias se tuvo años atrás  una estrategia compartida ante un asunto tan sensible como el de la inmigración. Sólo cabe cumplirla o si hay otra explicarla.

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