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"El regreso a las tinieblas”

Parlamento de Canarias.
Parlamento de Canarias.

La salud democrática de una nación no reside en la ausencia de disensos, sino en la solidez de los marcos de convivencia frente a corrientes regresivas. Lo que hace apenas unos años se percibía como una anomalía parlamentaria, se ha consolidado como un factor condicionante de la gobernabilidad.  

La consolidación de VOX no es un fenómeno imprevisto. Es la cristalización de un profundo malestar que, lejos de ser ignorado, se sustenta por la incapacidad de las instituciones para ofrecer convicción. No se trata de un fenómeno imprevisto

En política no existen los vacíos, y el actual Gobierno ha creado el escenario perfecto para que la derecha radical pase de ser algo marginal a un actor central.

Durante años, la estrategia socialista se basó en "que viene el lobo", agitando el miedo a la ultraderecha para movilizar a la izquierda. Y de tanto señalar a VOX como el único enemigo, terminaron validándolo. El Ejecutivo le otorgó el estatus de líder de la oposición real, alimentando su visibilidad.

La política de concesiones también ha sido combustible para el discurso nacionalista. Cada pacto con sectores que el ciudadano medio percibe como contrarios a la unidad nacional ha sido un regalo. No han precisado de propuestas brillantes: les ha bastado con presentarse como la "reacción" ante un Gobierno que, a ojos de muchos, ha estirado las costuras del Estado para mantenerse en el poder.

El PSOE inicia 2026 paralizado políticamente por una decena de causas penales y con la incertidumbre de si podrá agotar la legislatura ante la presión de los tribunales y la desconfianza de sus socios. La respuesta oficial ha sido que se trata de casos individuales o de personas que "ya no están en el partido". Sin embargo, cuando los nombres que aparecen en los sumarios judiciales son ministros, asesores de confianza o familiares, la excusa del "garbanzo negro" deja de funcionar. El trasvase de votos no hace más que crecer... 

También subyace un componente de desconexión social. Mientras el Gobierno se centra en una agenda de derechos de vanguardia que a veces olvida los problemas materiales del día a día, VOX ha ocupado ese espacio de "indignación popular". Han sabido leer el malestar de quienes se sienten olvidados por una política que consideran alejada de la realidad.

Lo verdaderamente preocupante no reside en la irrupción de fuerzas de derecha radical, sino en su capacidad para desplazar el eje de lo aceptable. La normalización se agudiza cuando formaciones tradicionales de centroderecha, con el fin de asegurar la estabilidad de gobiernos locales, mimetizan estas consignas o aceptan marcos de negociación que antes eran líneas inquebrantables.

En el archipiélago, la negativa conjunta de fuerzas de derecha a sumarse a pactos de emergencia climática evidencia una fractura con el consenso científico y una alineación con posturas que priorizan el escepticismo ideológico frente a la evidencia del entorno.

Este atasco democrático no se produce por una brusca ruptura, sino por la flemática, pero eficiente, saturación del espacio público con ideas que se creían superadas. El desafío consiste en evitar que la gestión de lo cotidiano quede supeditada a una visión del mundo que pretende sofocar postulados del pluralismo en favor de un dogmatismo excluyente.

Cuando la política se convierte en un espectáculo de confrontación y no en una herramienta para arreglar el alumbrado o mejorar la limpieza, el ciudadano se siente huérfano. La escisión extrema que se inyecta en el debate público satura al individuo, provocando una "fatiga democrática" que deriva en desidia e inacción.

Sin embargo, el dato más inquietante es que las sombras emanan del futuro, no se proyectan solo desde el pasado. Según estudios recientes, uno de cada cuatro jóvenes canarios manifiesta su intención de votar a opciones de la derecha autoritaria.

La normalización del discurso radical en las administraciones sirve de caldo de cultivo para que estas ideas germinen sin resistencia en el tejido social. Se nutre de la insolvencia de las fuerzas tradicionales para ofrecer respuestas ante problemas sistémicos como la vivienda o la precariedad, que en Canarias alcanza niveles críticos.

Irremediablemente, la juventud abraza con fuerza esta descomposición como refugio ante tal esperpento comunitario, ante la inmensidad del abandono cívico, esa erosión ética en la han dejado de sentirse parte de un proyecto común.

Este “regreso a las tinieblas” propone una España en blanco y negro, donde la diversidad es una amenaza y la igualdad un privilegio en disputa. Se apela a un pasado idealizado, a una nación de cartón piedra que ignora la realidad de una sociedad compleja.

Ser ciudadano no es un estado pasivo. Es una práctica diaria que exige recuperar el orgullo de pertenencia y entender que el cuidado de lo común es la mejor inversión para nuestro propio bienestar.

Las tinieblas se alargan en el silencio o en la indiferencia. Se esconden bajo una indolencia generalizada que nos ofrecen sin disimulo. No admitamos la demolición de los puentes dialécticos que permiten la convivencia...

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