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Europa en la encrucijada: la respuesta de 93 mil millones al desafío de Washington

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La Unión Europea se encuentra ante una de las crisis diplomáticas y comerciales más graves de su historia reciente. La respuesta de 93 mil millones de euros (unos 108 mil millones de dólares) no es solo una barrera aduanera, sino una declaración de autonomía política frente a una presión que Bruselas define como "sin precedentes". La crisis actual hunde sus raíces en la fragilidad del acuerdo de julio de 2025.

Ese pacto nació para estabilizar los mercados, previendo una reducción de los aranceles estadounidenses al 15% a cambio de compras masivas europeas de Gas Natural Licuado (GNL) y sistemas de defensa producidos en los EE. UU. Sin embargo, la nueva amenaza del presidente Donald Trump de golpear a ocho naciones europeas (entre ellas Alemania, Francia y los países escandinavos) con aranceles de hasta el 25% para junio de 2026 ha hecho saltar la banca. El nudo gordiano es Groenlandia: el vínculo entre la política comercial y las ambiciones territoriales estadounidenses ha transformado una disputa económica en una cuestión de dignidad nacional y soberanía territorial danesa, haciendo imposible para el Parlamento Europeo proceder a la ratificación del acuerdo existente.

La verdadera novedad de la estrategia europea no reside solo en los aranceles sobre los bienes físicos, sino en el uso del Anti-Coercion Instrument (ACI). Este instrumento, diseñado precisamente para responder a chantajes económicos, permite a la UE actuar en varios frentes: Servicios y Mercados Digitales: Limitaciones operativas para los gigantes de Silicon Valley (Google, Meta, Amazon) dentro del Mercado Único. Inversiones Extranjeras: Bloqueo o restricción de adquisiciones por parte de empresas estadounidenses en sectores estratégicos europeos. Contratación Pública: Exclusión de las empresas estadounidenses de las licitaciones gubernamentales en la UE.

Este enfoque desplaza la batalla del sector manufacturero al de los servicios y la tecnología, donde los Estados Unidos tienen históricamente un superávit comercial significativo. La lista de represalias ha sido calibrada con precisión quirúrgica para maximizar el peso político en los Estados Unidos.

Los aranceles golpearán anualmente bienes por un valor equivalente al del daño sufrido por Europa, apuntando a distritos industriales clave en América: aeroespacial (aviones Boeing y componentes), automotriz (coches eléctricos y SUV estadounidenses), química y agricultura (productos químicos industriales, soja, licores). El calendario de Bruselas es apretado. La diplomacia tiene una ventana de maniobra reducidísima: 22 de enero de 2026: Cumbre de emergencia en Bruselas para definir los detalles operativos del "bazuca comercial".

Encuentros de Davos: Último intento de mediación al margen del Foro Económico Mundial. 26-27 de enero de 2026: Sesión del Parlamento Europeo en la que la ratificación del acuerdo de julio de 2025 será oficialmente suspendida o rechazada. 6 de febrero de 2026: Fecha límite para la entrada en vigor de los aranceles de represalia europeos. Si la represalia llegara a activarse, el acuerdo de julio de 2025 será declarado definitivamente nulo. Esto llevaría a un aumento de los costes energéticos para Europa (menos GNL estadounidense) y a una crisis de suministro para muchas industrias estadounidenses que dependen de los componentes europeos.

Más que una simple disputa, estamos ante una redefinición de los equilibrios transatlánticos: ¿está la Unión Europea demostrando tal vez que ya no está dispuesta a intercambiar su propia seguridad y soberanía por el acceso preferencial al mercado estadounidense?

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