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El horizonte recobrado: Lanzarotto Malocello y la "otra historia" de Canarias

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Del descubrimiento pacífico del siglo XIV al trauma de la conquista: por qué la memoria del archipiélago necesita una síntesis que reconozca el valor del encuentro antes del enfrentamiento.

Frente a la creciente sensibilidad moderna hacia la reparación de la memoria histórica, la narrativa de las Islas Canarias está trascendiendo los límites de la mera crónica militar. Durante décadas, el núcleo del debate ha sido el siglo XV —la época de los conquistadores y del controvertido Pacto de Calatayud (1481)— pero hoy la historiografía desplaza la mirada hacia atrás, hacia un modelo de interacción radicalmente distinto: el del descubrimiento pacífico y la convivencia.

El capítulo fundamental de esta "otra historia" se abre en 1312, cuando el navegante genovés Lanzarotto Malocello desembarcó en la isla que hoy lleva su nombre: Lanzarote.

Lanzarotto Malocello, ligur de Varazze nacido en una noble familia de tradiciones marineras, encarnaba perfectamente la audacia de la República de Génova. No era el general de un ejército imperial, sino un mercader y explorador de alta mar que, adentrándose más allá de las Columnas de Hércules en busca de los hermanos Vivaldi, redescubrió el archipiélago de las "Afortunadas". La suya no fue una incursión, sino una elección de vida: se estableció en la isla durante más de dos décadas, convirtiéndose en el primer europeo de la era moderna en establecer un vínculo sedentario y pacífico con las poblaciones de origen bereber.

La prueba de su mérito no es solo onomástica, sino que está esculpida en la cartografía náutica medieval con una continuidad sorprendente, lo que representa un legado indeleble. El punto de partida es el célebre planisferio de Angelino Dulcert de 1339, donde la isla es identificada como "Insula de Lanzarotus Marocelus" y aparece sobrevolada por el estandarte genovés.

Lejos de ser un evento aislado, el nombre de Malocello se convirtió en un punto fijo de la geografía mundial durante siglos. Lo encontramos en el Atlas Mediceo (1351), conservado en Florencia, y en el monumental Atlas Catalán (1375) de Abraham Cresques, obra maestra de la cartografía medieval. Incluso en el siglo XV, mapas como los de Gabriel de Vallseca (1439) continuaban honrando al navegante. Esta persistencia demuestra que, durante más de 150 años antes de la conquista definitiva, Europa reconoció la integración de Canarias a través de un vínculo de respeto y conocimiento, no de sumisión.

En la senda trazada por Malocello se insertó otro experimento de contacto pacífico: la misión de los frailes franciscanos. En el siglo XIV, mucho antes de la sumisión armada, los religiosos establecieron la Diócesis de Telde (Gran Canaria), conocida como la "Diócesis de la Fortuna".

El enfoque franciscano fue revolucionario: en lugar de imponer la fe con las armas, los frailes buscaron la evangelización a través del ejemplo y la palabra, respetando las estructuras sociales de los aborígenes. Esta "vía diplomática" representó un intento sincero de crear un puente cultural basado en la dignidad humana, una visión que lamentablemente sucumbió cuando la lógica de la conquista militar de Estado tomó el relevo.

Este vínculo histórico entre Italia y Canarias no es solo un resto de archivo, sino una herencia viva que se prepara para ser celebrada oficialmente. En 2026, la Sociedad Dante Alighieri de Canarias celebrará al Santo Patrón de Italia, San Francisco, con un programa destinado a recordar el compromiso de los franciscanos en el archipiélago.

El evento pretende honrar aquel enfoque pacífico hacia los aborígenes canarios que, siguiendo la estela de la empresa de Malocello, ofreció una alternativa concreta a la violencia del colonialismo posterior. Será un momento para reflexionar sobre cómo la cooperación y el respeto mutuo ya formaban parte integrante de la relación entre europeos y nativos siglos antes de la conquista.

Revisar hoy la memoria histórica de Canarias no significa solo denunciar las sombras del pasado castellano, sino devolver la dignidad a quienes propusieron una vía diferente. El trabajo del Comité Internacional Malocello y las futuras iniciativas de la Sociedad Dante Alighieri de Canarias apuntan a una síntesis necesaria: reconocer que la identidad canaria hunde sus raíces en un primer encuentro basado en el intercambio.

Celebrar a Lanzarotto Malocello y la obra de los franciscanos significa reconocer que Europa no llegó a Canarias solo con la espada, sino también con la brújula, el comercio y el deseo sincero de encuentro entre los pueblos. Es en este primado del conocimiento sobre la fuerza donde reside el verdadero mérito que debe ser reparado y celebrado.

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