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Trump, Groenlandia y el chantaje global: cuando el imperio juega al Risk

Donald Trump
Donald Trump, presidente de EEUU

Donald Trump vuelve a recordarnos que su concepción de la política internacional se parece más a un tablero de Risk que al respeto entre Estados soberanos. Su última amenaza no es menor: imponer aranceles a los países que no apoyen su plan sobre Groenlandia, alegando motivos de “seguridad nacional”.

La frase, pronunciada con la naturalidad de quien cree que el mundo es una prolongación de su despacho, encierra algo mucho más serio que una bravata electoral: el uso del comercio como instrumento de chantaje geopolítico. Si no haces lo que quiero, te castigo económicamente.

Groenlandia no es un solar vacío ni una pieza intercambiable. Tiene población, instituciones y un estatus político propio dentro del Reino de Dinamarca. Es, salvando las distancias, una realidad autonómica, como lo es Canarias dentro del Estado español. Por eso la pregunta es lógica: si hoy es Groenlandia, mañana quién dice que no puede ser cualquier otro territorio considerado estratégico.

Europa observa con una mezcla peligrosa de pasividad y resignación. En España, parte de la derecha y la extrema derecha siguen defendiendo a Estados Unidos como si fuera el guardián moral de Occidente, incluso cuando ese supuesto aliado amenaza directamente a sus socios.

Este episodio deja algo claro: Estados Unidos no actúa como aliado, sino como potencia que impone condiciones. Trump no es una anomalía, sino la versión más explícita de una política exterior basada en intereses propios.

La Unión Europea necesita autonomía estratégica real. Diversificar relaciones comerciales y energéticas y dejar de depender de un socio que convierte cada desacuerdo en una amenaza económica es una necesidad política.

Mirar hacia China y Rusia no es una traición ideológica, es una decisión pragmática. La política internacional no va de simpatías, va de intereses.

Desde Canarias se percibe con claridad: cuando los grandes poderes empiezan a hablar de territorios estratégicos, los derechos de quienes viven en ellos suelen ser lo último en la lista.

Trump juega al Monopoly global con aranceles como fichas. Europa debe decidir si sigue siendo espectadora o empieza a escribir su propia estrategia. Porque en este tablero, quedarse quietos también es perder.

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