Opinión

Si seguimos siendo sumisos

Si seguimos siendo sumisos

El próximo lunes, 30 de mayo, se cumplen 39 años de la celebración de la primera sesión del Parlamento de Canarias. Así quedó instaurada oficialmente esta fecha como el Día de Canarias y, en línea con el significado histórico que tiene el 30 de mayo para nuestro Archipiélago, será festivo en toda nuestra Comunidad.

A las clásicas actividades propias de un festivo cualquiera como deporte, caminata, paseo, montaña, playa, lectura, aperitivo, sesión cinematográfica, teatro, comida familiar, siesta o escuchar música, se suman las propias de un día tan significado como la jornada en la que los canarios celebramos nuestra historia, a nuestra gente y los retos del futuro, celebración que se concreta con exhibiciones de deportes autóctonos, concursos de comidas canarias, degustación de nuestros quesos y vinos, folklore o el reconocimiento a los premiados con los Premios Canarias y con las Medallas de Oro en la solemne sesión de cierre que tendrá lugar este año en el Teatro Guimerá de Santa Cruz de Tenerife.

Quizá el Día de Canarias sea también propicio para que le dediquemos unos minutos a pensar en el pasado, presente y futuro de estas Islas en las que hemos nacido o hemos sido acogidos. Nuestros principales valedores son la naturaleza y la geografía, ambas estrechamente asociadas para colocarnos como un lugar privilegiado en el mundo. Sin duda, la posición geográfica del Archipiélago favorece nuestro inigualable clima y la extraordinaria riqueza natural y biodiversidad que disfrutamos.

Ahora bien, las bondades derivadas de nuestra posición geográfica y de la naturaleza  a menudo se convierten a veces en factores muy limitativos a la hora de desarrollar actividades económicas que ayuden a que nuestro país pueda gozar de un bienestar razonable, equivalente a la media europea. Por ello, históricamente hemos estado condenados a tener que emigrar en busca de las oportunidades que aquí no tenemos. El aislamiento entre nuestras Islas, y el de éstas con los continentes entre los que están enclavadas, ha sido -y sigue siendo- un handicap para el desarrollo social y económico de las mismas.

Con todo, la llegada de la democracia y la descentralización del Estado en favor de las autonomías ha servido para darle un impulso a Canarias. Las comunicaciones entre las islas y con el exterior y la moderna visión estratégica de nuestras empresas están ayudando a romper nuestro histórico  aislamiento y a que hoy se nos presenten oportunidades que antes no teníamos. La tecnología, los barcos y los aviones están rompiendo el aislamiento insular. La estrategia  hacia otras islas de nuestras empresas ha conseguido desbaratar los egoísmos económicos insularistas. Además, la radio y la televisión pública de Canarias han animado a los medios privados a ir a más con una política de comunicación acorde a la nueva realidad de las Islas.

Canarias tiene hoy un reconocimiento singularizado en el Tratado Final de la Unión Europea. Hemos conquistado un Estatuto de Autonomía que hay que desarrollar en su plenitud en aspectos tan significativos como es el mar de Canarias y sus recursos, la gestión de nuestras costas o la de nuestros puertos y aeropuertos. Disponemos de un histórico Régimen Económico y Fiscal que tenemos que defender con todas nuestras capacidades políticas y sociales. 

Tenemos amenazas cada vez más reconocidas como es la de un crecimiento poblacional desproporcionado que exige limitaciones para poder garantizar el futuro a la gente de esta tierra y, además, hay que ser constantes en la búsqueda de fórmulas que favorezcan prioritariamente el trabajo para la gente que aquí vive, un debate, sobre este último factor, que parece reabrirse estas semanas. 

En el día de nuestra tierra deberíamos dedicarle unos minutos a reflexionar sobre el futuro que le vamos a dejar a nuestros descendientes si seguimos siendo sumisos y conformistas ante la indiferencia de los poderes del Estado.

Si seguimos siendo sumisos
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