Noticias que desaparecen. La muerte de un docente

Noticias que desaparecen. La muerte de un docente

No ha habido duelo en la comunidad educativa. No ha sido posible, pero sí especulaciones, veladas denuncias, supuestas censuras y ninguna certeza. La decisión de un docente que no quiso seguir viviendo parece la única verdad. El resto es todo silencio.
 
El exquisito respeto que se debe a la familia y a la memoria del trabajador no debe impedir la aclaración de las circunstancias y la exigencia de responsabilidades, si las hubiera, en el caso de que la muerte fuera el efecto de una causa externa que lo condujo a ello.
 
Los hechos, supuestamente, tienen su marco en un periodo de baja médica y un alta forzada por la inspección de la empresa, y digo supuestamente porque habría que establecer si esa alta forzada al trabajador, al que su médico prescribe una baja, se ha producido. El trabajador habría manifestado su incapacidad para incorporarse, y eso lo avalaría su médico y lo habría expresado, desesperanzado, a los trabajadores de la propia Dirección Insular de Educación.
 
El sindicato STEC publica un comunicado que inmediatamente es retirado. Al comunicado le sucede una presentación pública de excusas por haber puesto en entredicho la profesionalidad del personal de la inspección médica. El segundo comunicado también es retirado de la web del sindicato. No hay noticias en la prensa, y las existentes desaparecen en cascada, como si las peores maneras se hicieran fuertes, como si la empresa estuviera regida por bolsillos sin alma. Eso sí, con un control extraordinario sobre las voluntades ajenas.
 
“La evidencia de muertes de esta naturaleza en la enseñanza está documentada”
 
La única certeza es que un trabajador nunca se incorporó a su puesto de trabajo al que, supuestamente, fue obligado a hacerlo.
 
El centro educativo del trabajador habría recibido la llamada de la familia del fallecido para comunicar lo que nunca debería haber hecho, que un trabajador, hijo, esposo o padre, nunca más volvería al lugar al que, supuestamente, se le obligaba a incorporarse. Esa evidencia habría quedado recogida en la despedida del profesor sustituto, por la finalización de su tarea por incoporación del titular. Nunca lo haría. Esa certeza queda también en la familia que conocería el trágico fin de una forzada alta médica.
 
Supuestamente, la Consejería solicita un informe al centro educativo sobre la muerte del docente. ¿Al centro educativo?, ¿Para conocer qué? Como si no quisiera saber que un resquicio de esa muerte pudiera haberse debido a una medida que nunca debió adoptarse.
 
La evidencia de muertes de esta naturaleza en la enseñanza está documentada. Nunca las causas. La decisión siempre es imputable a quien así lo decide, pero ¿y las causas? Nunca se habla de los posibles detonantes que en una cabeza fuerte no producen efecto alguno. En un enfermo, idéntica situación puede resultar fatal.
 
Otra evidencia que decenas de docentes pueden acreditar son las veladas amenazas cuando a un docente se le requiere, a pesar de encontrarse con una baja médica. Decenas de citaciones que invitan a la incorporación, aunque el cuerpo no dé, aunque la cabeza no dé.
 
Bolsillos, sólo bolsillos sin alma. Supuestamente.
 
Assenet Mauri

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