Opinión

Fiestas que hacen memoria

Procesión de la Virgen del Carmen en Playa Blanca
Procesión de la Virgen del Carmen en Playa Blanca
Fiestas que hacen memoria

Como muchas actividades de la vida que eran rutinarias, festejar, cualquiera que sea el motivo, pasó a ser un hecho casi que excepcional. Imposible imaginar la sequía obligada de dos años de un hecho simple pero necesario como es el de celebrar en comunidad.

No sé ustedes, pero yo entre amigos que por enfermedades son mucho más vulnerables al covid y por tanto siguen en máxima alerta porque aumentan los factores de riesgo que agravan la enfermedad o la falta de tiempo para coincidir, todavía en algunos grupos no hemos podido organizar una fiesta de reencuentro como dios manda.

Mientras llegan estos despeluques aplazados de las cofradías del vacile, este año sí que se activaron con todo las festividades de espacio público, entre ellas, las fiestas patronales de pueblo deseadas y disfrutadas por creyentes practicantes, solo creyentes, y ateos también, todos reunidos en el disfrute consciente alrededor de la Virgen o el Santo, creas o no creas.

El mundo cristiano celebra el 16 de julio el día de la Virgen del Carmen, sin duda, de las advocaciones marianas con mayor devoción y fervor religioso por su reconocimiento como patrona de los pescadores, de los conductores y de muchos pueblos de tradición marinera como Puerto Colombia, situado a solo 20 minutos de mi natal Barranquilla, o Playa Blanca, localidad del sur de Lanzarote donde resido hace 20 años.

Alguna vez de niño vi  la procesión marítima porteña, con decenas de embarcaciones engalanadas, apostado en el histórico muelle del pueblo de 1,2 kilómetros de longitud  que con el paso del tiempo se desplomó por la desidia gubernamental. A principios de los noventa con Grupo Taller Cine grabamos para el canal público Telecaribe el documental de dos capítulos Viejo Muelle de mi Puerto que retrata la importancia histórica, social, cultural y comercial de esta instalación conectada por ferrocarril con Barranquilla, la más importante de Colombia hasta principios del siglo XX y en su momento el segundo muelle más largo del mundo construido en 1893. Las imágenes de cine de super 8 que conseguimos de archivos familiares donde se ven operarios cargando mercancías de grandes barcos a los vagones del tren insinúan un desarrollo y pujanza de época impresionante.

Puerto Colombia tenía todas las condiciones para reafirmar su identidad como polo indiscutible de progreso y ser reconocido internacionalmente como referente turístico del Caribe colombiano, pero como el muelle, el pueblo también colapsó por la desidia gubernamental y hoy a duras penas en España la única referencia que se tiene de él es que allí nació el futbolista Carlos Bacca por su buena figuración deportiva en varios clubes europeos.

Las fiestas patronales de Playa Blanca y su devoción a la Virgen del Carmen igualmente hacen memoria a la tradición marinera de lo que fue un pequeño poblado de pescadores que ahora no solo es el primer núcleo turístico de Lanzarote, sino destino de referencia en Canarias por la belleza propia y la de su entorno, unido a la hospitalidad de su gente, planta alojativa de primer nivel, servicios turísticos de calidad y modernización y construcción de infraestructuras públicas.

La memoria es frágil, muy frágil, pero el desarrollo jamás podrá borrar la identidad de un pueblo, así que las fiestas de más arraigo y tradición, aunque no lo parezcan, refrescan el pasado y dan valor al patrimonio inmaterial de cualquier pueblo o ciudad. Me gustó que las fiestas de Playa Blanca, aparcadas hace dos años largos por el covid, se convirtieran en el escenario del tributo a las viejas y nuevas generaciones de pescadores y la tradición marinera del pueblo por dos motivos: primero porque se lo merecen y cualquier reconocimiento es insuficiente y segundo porque qué mejor forma de expresión que hacerlo a través del arte, en este caso, con una escultura creada y modelada por la joven artista plástica Cintia Machín que interviene de forma exquisita el espacio público urbano a pocos metros de la pequeña playa que compila gran parte de la cultura marinera de la localidad. Esta propuesta creativa que enseña la figura indeterminada de un marinero faenando en un viejo barquillo restaurado humaniza el espacio público y estrecha las relaciones entre vecinos, y entre vecinos y visitantes, que en adelante, en ese mundo voraz del turismo, tienen constancia de la existencia de un pasado fuertemente vinculado al duro y peligroso trabajo en el mar.  Bienvenida amiga Fiesta que creo no te imaginas todo lo que puedes llegar a transmitir.

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