Opinión

Bienvenidos al debate

En el Parlamento de Canarias ha regresado un clásico que viene apareciendo y desapareciendo del debate político en el último cuarto de siglo: la superpoblación de nuestro Archipiélago. 

Los datos objetivos son contundentes: Canarias tenía a mitad de los años 90 un millón cuatrocientos mil habitantes y hoy supera los dos millones doscientos mil. ¿Esto es mucho o poco?. Si lo comparamos con otros territorios, por ejemplo con el País Vasco, que tiene una superficie similar, es un auténtico disparate. Cuando Canarias tenía un millón cuatrocientos mil habitantes Euskadi tenía dos millones. Hoy Canarias le supera en población.

Hasta la década de los ochenta, los canarios seguíamos teniendo que emigrar porque la economía de la Islas no generaba la riqueza suficiente para dar oportunidades a los que aquí vivíamos. A mitad de los años noventa, Canarias creció como la espuma en conectividad aérea, turistas y riqueza, también en población, coches o en plazas turísticas. Empezamos a crecer un ritmo vertiginoso en todo.

"Se juntaron recursos públicos y privados que propiciaban oportunidades a propios y a extraños"

Canarias se convirtió en un lugar de oportunidades. El movimiento migratorio pasó a ser de Canarias hacia exterior a una entrada creciente de mano de obra en las Islas.

Fueron muchos los factores que se concentraron para que las Islas vivieran ese crecimiento, entre otros la liberalización del transporte aéreo y marítimo, las oportunidades que ofrecía el nuevo Régimen Económico y Fiscal -especialmente la Reserva de Inversiones-o, entre otros, los convenios firmados con el Gobierno de España (carreteras, costas, infraestructura hidráulica, infraestructura turística, plan integral de empleo, puertos o aeropuertos). En suma, se juntaron recursos públicos y privados que propiciaban oportunidades a propios y a extraños.

Los ritmos de crecimiento de la población superaban ampliamente las capacidades de las administraciones públicas para acompañarlos de las infraestructuras, servicios y equipamientos  acordes a la nueva realidad; de ahí los déficit, contra los que Canarias tiene que seguir luchando, en carreteras, energía, vivienda, agua, educación o sanidad.

La Palma, La Gomera y El Hierro han tenido unos crecimientos más sostenibles, parecidos a los que ha tenido Euskadi, prácticamente su crecimiento vegetativo. No han estado sometidas a la presión del crecimiento turístico que sí han tenido Fuerteventura, Lanzarote, Tenerife y Gran Canaria —por su parte, de la intensa presión que sufre La Graciosa para crecer sólo la puede salvar el cumplimiento estricto de la normativa urbanística y ambiental que rige sobre la misma—.

¿Está Canarias superpoblada? La respuesta la encontramos cada mañana en nuestras carreteras, en los km² de territorio que cada año son devorados por nuevas construcciones, en los colegios de los sures de las Islas, en los centros de salud, en nuestros hospitales o en las colas en las oficinas del INEM.

Al menos dos parámetros deben ser tenidos en cuenta para limitar el crecimiento poblacional de nuestro Archipiélago: el paisaje y la sostenibilidad económica y social de los que aquí vivimos. El paisaje suma al clima el principal recurso que tienen las Islas para apuntalar un sector estratégico para nuestra economía como es el turismo.

La sostenibilidad social es clave para el bienestar en las Islas. No hay sostenibilidad social sin una economía que le de soporte. 

Canarias no tiene capacidad para hacer crecer su economía a los niveles que demandan los más de dos millones doscientas mil personas que ya vivimos aquí. La ecuación es bien sencilla: una economía ilimitada que tenga que dar soporte a más gente genera más pobreza.

El debate sobre la superpoblación hay que analizarlo desde la perspectiva medioambiental y paisajística, pero también desde la económica y social.

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