Detalles que cuentan y cuidan.
Llevo ya varios meses visitando con frecuencia la residencia de mayores del Hospital Insular de Lanzarote. Mi madre reside allí y eso me ha permitido conocer de cerca una realidad que, en muchas ocasiones, pasa desapercibida para quienes nunca han cruzado sus puertas.
Es cierto que las instalaciones tienen ya algunos años, pero también es verdad que cuentan con numerosos servicios y prestaciones que transmiten bienestar y calidad de vida. Cuando uno entra por primera vez, lo último que piensa es que está accediendo a un centro sociosanitario. El ambiente es cálido, tranquilo y humano.
Sin embargo, lo que realmente marca la diferencia no son las paredes, ni los pasillos, ni el mobiliario. Son las personas.
A medida que avanzas por la residencia te encuentras con auxiliares de enfermería, enfermeros, médicos y el resto del personal. Todos tienen algo en común, te reciben con un “buenos días” o un “buenas tardes”, siempre acompañado de una sonrisa. Se percibe que trabajan con vocación, que están a gusto en su labor y, sobre todo, que tratan a nuestros mayores con un cariño y un respeto que emociona. En muchas ocasiones los cuidan como si fueran miembros de su propia familia.
Y eso merece ser reconocido. Porque cuando algo funciona bien también hay que decirlo. Desde mi experiencia, el servicio humano que presta esta residencia es de cinco estrellas.
Pero también es cierto que, a veces, quienes dirigen las administraciones públicas se olvidan de esos pequeños detalles que parecen insignificantes desde un despacho, pero que para una persona mayor pueden significar muchísimo.
Hace unos días mi hermana, que acompaña diariamente a mi madre, me comentó una situación que me hizo reflexionar. Había una persona mayor ingresada que apenas tenía familia y que no disponía de un televisor en su habitación. Le preguntaron a mi hermana si conocía a alguien que pudiera donar uno para hacerle los días un poco más llevaderos.
Confieso que me costó entenderlo.
Vivimos en una sociedad donde las administraciones públicas son capaces de gastar millones de euros en proyectos de dudosa utilidad y, sin embargo, a veces no encuentran recursos para cubrir necesidades tan básicas como un televisor que haga compañía a una persona que pasa muchas horas sola.
No estamos hablando de un lujo. Estamos hablando de compañía, de entretenimiento, de información y, en definitiva, de hacer un poco más humana la estancia de quienes ya bastante tienen con afrontar la enfermedad, la dependencia o la soledad.
Ante esa situación decidí moverme. Hablé con algunos empresarios del sector hotelero y conseguimos reunir alrededor de quince televisores para donarlos a la residencia. El objetivo era sencillo. Que, si vuelve a producirse una situación similar, ningún residente tenga que permanecer en una habitación vacía de compañía por la falta de un aparato que cuesta tan poco en comparación con otras partidas presupuestarias.
Incluso me ofrecí a seguir colaborando si en algún momento hicieran falta más.
A veces pensamos que cambiar las cosas exige grandes inversiones o grandes discursos. Yo cada día estoy más convencido de que las sociedades también se construyen cuidando los pequeños detalles.
Porque son precisamente esos detalles los que marcan la diferencia entre gestionar un servicio y cuidar de las personas.
Juan de León. Portavoz de Nueva Canarias-Bloque Canarista en el municipio de Tías